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25 junio, 2022
POLÍTICA

La embestida de Cristina Kirchner por los planes sociales expuso la falta de apoyos de Alberto Fernández

Acto 100 años de YPF - Tecnópolis - Alberto Fernández - Cristina Kirchner
Alberto Fernández y Cristina Kirchner, en el último acto que los mostró juntos. (Franco Fafasuli)

“Acá todos votan a Cristina. No quieren saber nada con Alberto Fernández y menos con Macri”. La reflexión la transmite a Infobae un líder social con militancia barrial que no es parte del oficialismo ni de los movimientos sociales. Lo dice con los pies en el barro, en una calle del norte del conurbano bonaerense donde la pobreza y la exclusión son una condena por tiempo indeterminado. Y transparenta, así, por qué ese inmenso territorio -la nueva ”Cabeza de Goliat” que tan bien describió Ezequiel Martínez Estrada- se da el escenario principal donde libran sus batallas internas el Frente de Todos y, también, a su modo, Juntos por el Cambio.

La ofensiva de Cristina Kirchner contra Alberto Fernández -que expuso la falta de apoyos con los que cuenta para enfrentar una difícil gestión, sobre todo en el área económica- se explica por esa lógica. En esa geografía está su electorado, golpeado por la inflación que estraga con mayor virulencia a los que tienen ingresos informales, y también allí disputan las organizaciones sociales una representación política que la vicepresidenta no está dispuesta a compartir.

A ese sujeto político -los pobres del conurbano bonaerense- también busca interpelar la oposición, que se debate en disputas menos ruidosas, pero también agresivas. Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta, por ahora, se “ladran” con precandidatos a gobernador y mensajes por fotos. Y el radicalismo, con el tenaz Martín Tetaz, que busca terciar allí de algún modo.

Alberto Fernandez - El presidente lanza el III Foro Mundial de Derechos Humanos que será en mayo de 2023, CABA
Alberto Fernández busca una salida para la encerrona en la que quedó expuesto por la presión de Cristina Kirchner.

Más brutal es la pulseada por los planes sociales, que en realidad es por la calle y por los votos. Si bien tiene un correlato hacia el interior del país y, sobre todo gobernadores que apetecen manejar esos recursos, se trata de una discusión con una dimensión propia del AMBA. En el Conurbano está concentrado el grueso de los beneficiarios del plan Potenciar Trabajo y desde allí marchan las columnas que enloquecen habitualmente el tránsito porteño.

Con su ofensiva contra los piqueteros albertistas, Cristina Kirchner lanzó un misil bajo la línea de flotación de la estructura que sostiene al presidente Alberto Fernández. Fue una acción política diseñada con tiempo, paciencia y método. La vicepresidenta ya había identificado en su discurso de Chaco, a principios de mayo, a Emilio Pérsico como alguien con poder propio, incluso superior al del Presidente. Fue un aviso.

Después pasó el sketch de la lapicera en el reencuentro en el acto por los 100 años de YPF, la caída de Matías Kulfas y su reemplazo por Daniel Scioli. El 11 de junio, encolumnó a los mandatarios oficialistas que, en la partida de nacimiento de la denominada “Liga de Gobernadores”, incluyeron de manera sigilosa el tema de la “federalización” de los planes sociales. En ese movimiento, el actor clave fue Axel Kicillof, pero no el único.

Luego, vía La Cámpora, Máximo Kirchner y Martín Insaurralde, alineó a los intendentes del PJ bonaerense que arrastran una antiquísima enemistad con la agrupación de Pérsico y Fernando “Chino” Navarro, y cerró un círculo que pegó en la organización social que defiende -por interés propio- al presidente. El propio Alberto Fernández y su vocera, Gabriela Cerruti, le contestaron a Cristina Kirchner. Más allá de algunas declaraciones de Héctor Daer, ni la CGT de manera institucional, ni un gobernador ni un intendente se pusieron de su lado.

Sorpresivamente, el ministro de Desarrollo Social, Juan Zabaleta, ayer manifestó: “No trabajo para el presidente, ni la vicepresidenta ni para las organizaciones sociales, sino para los argentinos”. Y tras recordar que es intendente en uso de licencia de Hurlingham, aclaró que él no le declaró la guerra a las organizaciones sociales: “Todos los días le declaro la guerra a la inflación y a los precios que no dejan de subir”. ¿No es tarea de Martín Guzmán y de Miguel Pesce?

En cambio, el reclamo de la vicepresidenta de reformar la asistencia social recogió apoyos incluso de jefes comunales de la oposición. Aunque con matices, María Migliore, la ministra de Desarrollo Social del gobierno de Horacio Rodríguez Larreta, advirtió: “El modelo del Potenciar Trabajo está agotado. No están sirviendo para que las personas salgan adelante. Todo lo contrario: quedan rehenes del sistema. Hay que rediseñarlos para que se conviertan en un puente entre donde estamos y donde queremos estar”.

“Todo programa social tiene que tener 3 supuestos: desintermediar para que el estado los asigne de manera directa y con criterios claros; ser temporales, porque no pueden durar para siempre; y con condicionales, para que mejoren las condiciones de las personas de insertarse al mercado laboral. Pasar los planes sociales de jurisdicción sin un lineamiento claro que marque un rumbo es solamente un cambio en la administración de los recursos, no es garantía de mayor transparencia ni eficacia”.

La bisectriz que plantean desde el kirchnerismo para salir de la encerrona entre la Vicepresidenta, que propone cambiar los planes sociales, y el Presidente, que se resiste es avanzar con el Salario Básico Universal. Lo explicó en el Aula Magna de la Facultad de Medicina de la UBA su promotor, Juan Grabois, en una reunión con piqueteros opositores al Gobierno. “No quiero hacer más eso de negociar listaditos. Quiero que haya para cualquiera trabajador un ingreso equivalente a la canasta alimentaria. Igual, no convenzo a nadie”.

De Macri a Larreta

Pero el conurbano bonaerense no es escenario sólo de las batallas que se libran en el oficialismo: Macri y Rodríguez Larreta rivalizan, también, en ese territorio. El ex presidente decidió poner el foco allí, en una movida que agitó la interna opositora, que se debate entre múltiples candidaturas y negociaciones y cálculos entre los principales socios de Juntos por el Cambio.

El termómetro del Conurbano para Macri es clave. Consciente de que es el centro de gravedad de la política y un requisito para cualquier estrategia política, decidió empezar a mostrarse en la calle. Se trata de una iniciativa que es a dos bandas o, si se quiere, a tres: se muestra con precandidatos, refuerza una posición “imparcial” en la interna, y al mismo tiempo levanta el perfil. En las últimas incursiones, dicen en su equipo, le fue bien y anticipan que habrá más..

Las recorridas que hizo en dos distritos gobernados por intendentes del PRO, Lanús, que conduce Néstor Grindetti -uno de los intendentes que apoyó el pedido para cambiar los planes sociales-; y La Plata, a cargo de Julio Garro, no fueron casuales y buscaron testear la reacción de los vecinos. En un ambiente controlado pero a medias, el objetivo fue empezar a recuperar la lógica de los “timbreos” que hacían cuando estaban en el gobierno, pero sin la lógica marketinera previa. ¿Perciben una “reivindicación” de Mauricio Macri en el Conurbano? En su entorno no se animan a confirmarlo. Pero tampoco a desmentirlo.

Con gestiones valoradas por sus electores, al punto que lograron surfear la ola de derrotas amarillas en 2019, los intendentes anfitriones de esos encuentros tienen sus propias aspiraciones para el año que viene: ambos quieren competir por la Gobernación.

Cuando fue a visitarlo a Grindetti, el intendente le propuso recorrer Monte Chingolo, una de las zonas más humildes de Lanús. Testigos de esa recorrida dicen que hubo selfies, “aguante Boca” y “Mauricio Presidente”.

A La Plata, Macri fue con María Eugenia Vidal y Cristian Ritondo y junto a Garro recorrieron Tolosa, la zona donde vivió Cristina Kirchner y que en 2013 fue epicentro del desborde del Arroyo El Gato, en una tragedia evitable que dejó decenas de muertos. El intendente platense ejerce una autonomía política, tiene buena relación con todos e identificación con nadie: ni Macri, ni Vidal, pero tampoco Horacio Rodríguez Larreta.

Según la descripción que hizo Garro entre sus íntimos, Tolosa es un barrio complejo porque vota para un lado o para otro y hay mucho independiente. “El vecino castiga y premia en las elecciones”, explican. “Salió muy bien”, contó el intendente entre sus íntimos después de la recorrida.

Pero esas fotos y videos, que fueron difundidas por redes sociales, tuvieron una respuesta de parte de Rodríguez Larreta, que reunió en un almuerzo en Pilar más de 30 dirigentes de la primera y la tercera. Según detalló Infobae ayer, allí los referentes del PRO respaldaron a Larreta y Diego Santilli, el precandidato a gobernador que impulsa el Ejecutivo porteño.

En el larretismo se interpreta que plantar precandidatos a gobernador, en vez de focalizar en uno, como puede ser “El Colorado”, conspira contra las chances del postulante en provincia de Juntos por el Cambio y, al mismo tiempo, erosiona al jefe de Gobierno. Lo comparan con el 2015, cuando el propio Macri apostó por María Eugenia Vidal, y reforzó, al mismo tiempo, sus chances de ganar.

Ahora, en la provincia están Santilli, con apoyo de Larreta; Ritondo, respaldado por Vidal; los “sueltos” Grindetti, Garro y Diego Valenzuela (Tres de Febrero) y Javier Iguacel, que cuenta con el aval de Patricia Bullrich, la otra “presidenciable”.

En la misma provincia de Buenos Aires pelea el radical Tetaz, tenaz diputado nacional, que busca un lugar en la discusión por las candidaturas a gobernador y vice bonaerense, tras la decisión de Facundo Manes de buscar cumplir su sueño presidencial. Lanzó por las redes sociales un crítico spot sobre la gestión de Fernando Espinoza en La Matanza, enclave central en esa geografía política, mientras trata de acumular capital político propio.

Su fortaleza puede ser, paradójicamente, su debilidad electoral: sin otro postulante más competitivo, el radicalismo cuenta con un candidato que puede alterar los equilibrios si no hay fórmulas cruzadas de un candidato de un partido y un vice de otro, tanto en Nación, provincia y Ciudad de Buenos Aires. Está dispuesto a competir y no se baja ni aceptaría ser vicegobernador, le dijo según pudo saber Infobae esta semana a sus colaborares.

El Conurbano, hostil también para Milei

También la interna que estalló entre los libertarios de Javier Milei empezó en el conurbano bonaerense. El vodevil que protagonizó por Carlos Maslatón y Carlos Kikuchi se disparó, originalmente, por el primer acto que realizó el diputado en el conurbano bonaerense, más precisamente en la cancha de El Porvenir, en Gerli, partido de Lanús.

Cuando todavía la “espuma” de su popularidad seguía alta -aunque aparecían encuestas que empezaban a mostrar retrocesos-, los organizadores soñaban con una cancha llena de autoconvocados a una de las barriadas típicas bonaerenses. En una noche de un frío inusual, consiguió meter entre 1.500 y 2.000 personas. El Conurbano enfrentó así al libertario con un límite que ya se había insinuado en las recorridas que hizo por La Matanza: sus apariciones no generaron el fanatismo de los centros urbanos.

No es la única “víctima”. Ni será la última.

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