El profesor Norberto “Tano” Cafiel encabezó una nueva misión solidaria junto a dos colaboradores y su inseparable perro Goyo. Recorrieron casi 5.000 kilómetros para instalar sistemas de energía solar en parajes rurales de Misiones donde niños y familias viven sin electricidad y con escaso acceso a servicios básicos
Hay historias que permiten comprender las enormes desigualdades que todavía existen en la Argentina. Historias que muestran realidades invisibles para gran parte del país. Una de ellas fue relatada este jueves por el profesor Norberto “Tano” Cafiel durante una entrevista realizada en el programa Voces de la Tardeque conduce Jorge Gómez por Radio Noticias Necochea.
Acompañado en el estudio por Goyo, el perro que lo acompaña en cada una de sus travesías solidarias, Cafiel contó los detalles de una nueva misión que lo llevó hasta el corazón de la selva misionera para instalar sistemas de energía solar en lugares donde la electricidad todavía es un privilegio inexistente.
La iniciativa surgió a partir del contacto con Ramón Amarilla, dirigente político de la provincia de Misiones, quien le planteó la necesidad de brindar soluciones energéticas a comunidades rurales alejadas de los centros urbanos.
La respuesta no tardó en llegar. Cafiel, junto a Sebastián Matamoros, Mauro Burgos y Goyo, partió desde Necochea rumbo al noreste argentino. Fueron más de 4.700 kilómetros recorridos entre ida y vuelta para llegar a parajes ubicados a cientos de kilómetros de Posadas, en zonas donde la selva, los caminos de tierra y el aislamiento forman parte de la vida cotidiana.
Uno de los destinos fue Pozo Azul, una localidad ubicada en el interior profundo de Misiones. Allí encontraron una pequeña escuela construida por las propias familias de la comunidad. Dos aulas de madera, un baño y una enorme voluntad de enseñar en condiciones extremadamente precarias.
Según relató Cafiel, la escuela todavía esperaba algunas habilitaciones para funcionar plenamente y recibir apoyo estatal. Mientras tanto, un docente del cercano municipio de El Soberbio recorre periódicamente grandes distancias para alfabetizar a los chicos por iniciativa propia.
La escena que más lo conmovió fue la reacción de los niños cuando recibieron útiles escolares. Cuadernos, lápices, crayones y elementos básicos de estudio provocaron una emoción difícil de describir. “Con qué poco se puede hacer tanto”, resumió.
Pero el objetivo principal era otro, o sea llevar energía.
La tarea consistió en instalar paneles solares, baterías, reguladores de carga, inversores y sistemas de iluminación para que la escuela pudiera disponer de electricidad por primera vez. Una herramienta sencilla para la mayoría de los argentinos, pero transformadora para quienes nunca tuvieron acceso a ella.
La emoción se repitió cuando una madre preguntó si realmente podían encender las luces. La respuesta fue afirmativa. Minutos después, la escuela iluminada se convertía en un nuevo punto de encuentro para toda la comunidad.
La misión continuó luego en El Soberbio, donde el grupo asistió a varias familias rurales.
Allí apareció otra de las historias que más impactó a los integrantes de la expedición. Una niña debía quedarse durante la semana en las casas de compañeros de escuela para poder hacer las tareas. En su hogar no existía electricidad y utilizaban latas con grasa como improvisadas lámparas.
Cuando los paneles solares comenzaron a funcionar, el padre salió inmediatamente a buscarla a la escuela para mostrarle la nueva instalación.
“Lo primero que hizo fue prender una luz y sacar un cuaderno”, recordó el “Tano” Cafiel.
La siguiente parada fue la vivienda de un hombre de 69 años que jamás había tenido energía eléctrica. La imagen del vecino observando una lámpara encendida por primera vez quedó grabada en la memoria de todos.
Más allá de la ayuda concreta, Cafiel destacó el valor humano de la experiencia y el compromiso de quienes colaboran con estas iniciativas. Los recursos para el viaje y los equipos fueron aportados por vecinos, comerciantes, empresas y colaboradores de Necochea que decidieron acompañar el proyecto.
Entre ellos mencionó a Nora Segovia, histórica docente y ex consejera escolar, cuyo aporte de útiles escolares tuvo un fuerte valor simbólico para el grupo. También agradeció a empresarios, comerciantes y vecinos que contribuyeron económicamente para hacer posible el viaje.
Incluso destacó que el dinero sobrante de la colecta fue devuelto a quienes lo habían aportado, reafirmando el espíritu solidario que caracteriza a estas acciones.
Durante la entrevista, Cafiel también vinculó estas experiencias con su trabajo como docente en el Centro de Formación Profesional Nº 402 de Necochea, donde junto a estudiantes desarrolla proyectos vinculados a energías renovables y tecnología aplicada.
En ese marco, adelantó que próximamente se pondrá en funcionamiento un innovador sistema de generación solar en el Balneario Los Ángeles, experiencia que servirá como banco de pruebas para nuevas soluciones energéticas sustentables.
Sin embargo, por encima de cualquier avance tecnológico, la imagen que permanece es otra: la de una niña encendiendo una lámpara para poder estudiar, la de una escuela rural iluminada por primera vez y la de familias enteras descubriendo que la energía eléctrica puede cambiarles la vida.
Una vez más, desde Necochea hacia algún rincón olvidado del país, la solidaridad volvió a encender una luz.








