Nacido de una idea sencilla y sostenido por la voluntad de un grupo de mujeres, “1 litro de leche por mes-Necochea Puede” cumple 16 años de trabajo solidario ininterrumpido. Este domingo 14 de junio celebrará el aniversario en el Teatro Municipal con una jornada artística y una nueva colecta que ya superó ampliamente los mil litros destinados a merenderos de Necochea y Quequén
Hay aniversarios que no se cuentan por calendarios sino por gestos. Por manos que reciben, por otras que entregan y por una comunidad que decide no mirar para otro lado. Hace dieciséis años, un grupo de mujeres de Necochea comenzó una acción tan simple como poderosa, que consistió y consiste en pedir un litro de leche por mes para acompañar a quienes más lo necesitaban. Nadie imaginaba entonces que aquella iniciativa crecería hasta convertirse en una red solidaria sostenida durante más de una década y media.
Este domingo 14 de junio, desde las 19 en el Teatro Municipal Luis Sandrini, el grupo “1 litro de leche por mes-Necochea Puede” celebrará sus 16 años de existencia. Aunque Silvia Orofino, una de sus integrantes históricas, insiste en una aclaración dado que señaló que no se trata tanto de festejar como de agradecer.
“Más que celebración es agradecer. Agradecer a toda la comunidad que nunca nos soltó la mano”, resumió durante una entrevista en Voces de la tarde, el programa que conduce Jorge Gómez por Radio Noticias Necochea.
La actividad tendrá además el cierre de la cuarta edición de la campaña impulsada por José Luis Rodríguez quien volvió a convocar a reunir más de mil litros de leche para colaborar con el trabajo del grupo. Pero la meta quedó atrás hace tiempo.
La campaña comenzó a fines de abril y, según contó Silvia Orofino, ya superó ampliamente ese objetivo inicial. Incluso se entusiasman con alcanzar los dos mil litros.
La jornada de este domingo combinará solidaridad y encuentro comunitario. Habrá presentaciones artísticas, danzas españolas, salsa, bachata, tango y un momento especial con el armado y corte de una torta aniversario realizada especialmente para la ocasión por familiares vinculados al rubro gastronómico.
Pero detrás del encuentro hay una historia mucho más profunda.
Hoy el grupo acompaña a 34 merenderos de Necochea y Quequén. Son espacios que reciben leche y asistencia para chicos, aunque también para una realidad que fue cambiando con los años.
“No solamente los chicos. También los abuelos están necesitando. Hay gente grande que pide porque no le alcanza para cenar”, contó Silvia con emoción.
La frase quedó suspendida unos segundos en el aire. Porque después de 16 años de trabajo, quienes están del otro lado ya no son solamente infancias vulnerables: son familias completas atravesadas por dificultades económicas que encuentran en estos espacios una ayuda concreta.
Lo notable es que nunca dejaron de funcionar. Ni siquiera durante la pandemia. Mientras gran parte de la actividad social se detenía, ellas siguieron. La comunidad continuó acercando colaboraciones y desde una casa particular se organizó la distribución hacia los merenderos.
“No paramos nunca. La gente siguió aportando y nosotros seguimos colaborando”, recordó.
A lo largo del tiempo fueron cambiando algunas integrantes, otras tomaron nuevos caminos, pero quedó una base que sostuvo el proyecto. Silvia nombró entre quienes acompañaron este recorrido a Magdalena, Liliana, Susana, Mirta, Mónica, Ester, otras Silvias y también recordó especialmente a Guillermo Carral, colaborador del grupo que ya no está, pero cuya memoria permanece viva.
Cuando Jorge Gómez le señaló que el agradecimiento debía ser para ellas y no al revés, Silvia respondió con una frase que probablemente explique el espíritu del grupo.
“Apoyamos la cabeza en la almohada y somos felices”, acotó.
Como si fuera poco, de aquellas acciones también surgieron nuevas iniciativas. Silvia Orofino contó que el año pasado, durante otra colecta aniversario, expresó públicamente el deseo de que Necochea tuviera un banco de alimentos. Tiempo después comenzaron contactos y hoy existe una experiencia local que ya trabaja articuladamente para rescatar y distribuir frutas, verduras y otros alimentos entre distintos merenderos.
Pequeñas semillas que empiezan a crecer. Este domingo habrá música, abrazos, fotos y seguramente lágrimas. Pero serán, como dijo Silvia, lágrimas de alegría.
Porque después de dieciséis años, estas mujeres siguen demostrando que un litro de leche nunca fue solamente un litro de leche. Fue una forma de decir que una comunidad todavía puede.







