A nueve años de la muerte de Gerónimo Venegas, con el recuerdo de un amigo y la huella de un dirigente que trascendió Necochea

En el aniversario número nueve del fallecimiento de Gerónimo “Momo” Venegas, el empresario Luis Ale recordó en Radio Noticias Necochea la dimensión humana del histórico dirigente sindical. Historias íntimas, llamados inesperados, partidos de ping pong y una idea que atravesó toda la charla, o sea la cercanía con la gente.

(Foto de Momo Venegas con el Papa Francisco, en audiencia en El Vaticano)

Fue un lunes lluvioso. Una noche de invierno que quedó grabada en la memoria política y sindical de Necochea. Cerca de las nueve de la noche, hace ya nueve años, el 26 de junio de 2017, comenzaba a expandirse la noticia que nadie quería escuchar, dado que había fallecido Gerónimo “Momo” Venegas.

Con él se iba uno de los dirigentes sindicales y políticos más influyentes que dio la ciudad. Un hombre nacido en este rincón del Sudeste bonaerense que construyó una trayectoria local, nacional e internacional desde el sindicalismo rural, que tuvo participación política activa y que logró convertirse en una figura de consulta permanente para sectores diversos de la vida pública argentina.

Este viernes, en el programa Voces de la Tarde que conduce Jorge Gómez por Radio Noticias Necochea 97.3, el recuerdo llegó de la mano de alguien que lo conoció lejos de los cargos y de las fotos institucionales.

Luis Ale, titular de Ocasiones Víctor y amigo personal de Venegas, reconstruyó desde el afecto una figura que para él sigue siendo difícil de explicar con categorías políticas.

“Una persona incondicional, un ser humano excepcional, de una palabra, de una lealtad y de un corazón muy grande”, resumió.

La conversación se fue alejando rápidamente del dirigente para acercarse al hombre.

Ale contó que el vínculo comenzó casi por casualidad. Amigo de Gastón Guarracino, pidió conocer a Venegas y consiguió una audiencia.

Lo que imaginó como un encuentro breve terminó siendo una charla de una hora y media.

“Cuando llegué a mi casa dije “conocí a un hombre maravilloso”, recordó.

Desde entonces comenzó una relación que terminó convirtiéndose en amistad. Tan fuerte fue aquella impresión que decidió acercarle amigos y conocidos.

“No tenían nada que ver con el peronismo ni con la política. Yo quería que lo conocieran como persona”, contó.

Y según relata, todos salían impactados. La imagen que aparece una y otra vez en el relato es la de alguien accesible. “Su teléfono nunca daba ocupado. Lo llamara quien lo llamara, atendía él personalmente y buscaba solucionar los problemas”, dijo.

En la charla apareció una faceta conocida por muchos dirigentes y vecinos de Necochea, la del gestor permanente. Productores rurales, comerciantes, trabajadores, personas con dificultades bancarias o administrativas encontraban una puerta abierta.

No siempre obtenían lo que buscaban, pero sí una escucha. Venegas construyó parte de su liderazgo en esa dinámica.

Luis Ale recordó incluso reuniones donde productores del interior del distrito encontraron respuestas a problemas financieros después de intervenciones del dirigente.

Pero el recuerdo más fuerte fue otro. Los domingos. Porque detrás del sindicalista de peso nacional aparecía un hombre que disfrutaba del ritual sencillo de reunirse con amigos.

Almuerzos, sobremesas eternas, partidos de ping pong y una costumbre que terminó convirtiéndose casi en leyenda: las palmeritas. “Me cargaba siempre. Si llegaba sin llevar nada me decía: ‘¿Te estás yendo de palmerita?’”, recordó entre risas.

Contó que Venegas era competitivo jugando al ping pong y que tenía una capacidad particular para observar todo. “Estaba jugando y al mismo tiempo se daba cuenta si vos estabas mirando televisión o si te pasaba algo”, contó.

También aparecieron las anécdotas que alimentaron el mito.

Como aquella mañana en que, horas antes del anuncio oficial, llamó convencido de que Jorge Bergoglio sería elegido Papa. “No estaba especulando. Lo decía convencido”, recordó Ale.

Y agregó una frase que resume la admiración que todavía conserva. “Tenía percepciones. Tenía dones”.

La charla también permitió recuperar escenas conocidas por quienes lo trataron de cerca.

Las reuniones interminables en Buenos Aires. Las jornadas donde seguía atendiendo gente hasta entrada la noche. Los llamados que llegaban de todos lados. Las discusiones políticas. Los encuentros con dirigentes de distintas corrientes. La sensación de que nunca cortaba del todo.

En el cierre apareció una pregunta inevitable. Si Necochea aprovechó realmente la dimensión de un dirigente que llegó tan lejos.

Luis Ale eligió otra respuesta. “No está más físicamente. No está más el teléfono del hombre que llamabas y te solucionaba todo. Necochea lo extraña muchísimo”.

Pasaron nueve años. Cambió el escenario político, cambiaron las estructuras sindicales y cambiaron muchas referencias de poder.

Pero en el recuerdo de quienes compartieron tiempo con él, Gerónimo Venegas sigue apareciendo menos como un dirigente y más como alguien que, aun habiendo llegado lejos, nunca dejó de atender el teléfono.

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