El EMSUR enfrenta un invierno que recién empieza con caminos saturados, calles complicadas y importantes hectáreas aún afectadas por el agua

El presidente del Ente Municipal de Servicios Urbanos y Rurales, Juan Manuel De la Calle, describió un escenario complejo para el distrito. Suelos que ya no absorben, caminos rurales deteriorados, calles urbanas difíciles de mantener y una estructura que busca sostener servicios esenciales mientras continúa el reclamo por obras hídricas y asistencia

Con el invierno recién iniciado y un régimen de lluvias que volvió a alterar la dinámica del distrito, el Ente Municipal de Servicios Urbanos y Rurales (EMSUR) enfrenta uno de los momentos más exigentes de los últimos años. El mantenimiento de caminos rurales, las calles entoscadas de Necochea y Quequén, el acompañamiento a obras hídricas y el sostenimiento del sistema sanitario forman parte de una estructura que hoy trabaja sobre un escenario condicionado por el exceso de humedad y las secuelas de meses de precipitaciones.

En una entrevista en el programa Voces de la Tarde que conduce Jorge Gómez por Radio Noticias Necochea 97.3, el presidente del organismo, Juan Manuel de la Calle, trazó un panorama que combinó preocupación, datos técnicos y una idea central: hay sectores donde todavía no se puede reparar porque el agua aún no se fue.

“Venimos de una acumulada de lluvias que ya está rozando los 700 milímetros cuando recién estamos terminando el sexto mes del año”, explicó.

La cifra adquiere otra dimensión si se la compara con registros históricos del distrito y con un año anterior que ya había sido considerado excepcional por el volumen de precipitaciones.

El funcionario municipal señaló que todavía existen sectores rurales con anegamientos persistentes, especialmente en la zona sur del distrito y hacia el corredor costero.

“Todavía hay agua. Hay lugares donde no podemos ingresar y entonces tampoco podemos evaluar completamente el estado del camino, de puentes o de alcantarillas”, indicó.

Uno de los puntos mencionados fue el corredor hacia Costa Bonita y el área de influencia de la Ruta 228, donde continúan registrándose escurrimientos intensos.

Incluso describió situaciones que muestran que el sistema hídrico todavía permanece trabajando al límite.

“Seguimos teniendo sectores donde el agua continúa pasando por debajo de alcantarillas con mucha fuerza. Todo eso arrastra materiales y genera tapones que después obligan a intervenir nuevamente”, explicó.

En ese contexto, De la Calle remarcó que muchas de las tareas vinculadas al drenaje corresponden formalmente al área hidráulica de la Provincia de Buenos Aires, aunque el municipio termina colaborando con maquinaria propia.

Sin embargo, aclaró que el EMSUR tampoco dispone de recursos ilimitados.

“No tenemos maquinaria para estar en todos los puntos problemáticos al mismo tiempo”, reconoció.

Sobre la situación de los caminos rurales, el titular del organismo describió una realidad donde hoy la prioridad dejó de ser recuperar el estado ideal de circulación para concentrarse en garantizar conectividad mínima.

“Estamos dando paso. No estamos reconstruyendo caminos porque técnicamente hoy no se puede”, afirmó. La explicación tiene una razón concreta. El material disponible también está afectado por el agua.

La tosca utilizada para recomponer caminos se extrae de sectores que actualmente permanecen inundados. Eso obliga a una secuencia más lenta y costosa de trabajo.

“Primero hay que secar con arena, después colocar el material. Y como el tránsito pesado vuelve enseguida, muchas veces los arreglos duran poco”, señaló.

El distrito tiene aproximadamente 1.400 kilómetros de caminos vecinales bajo mantenimiento, una extensión que obliga a priorizar sectores críticos, escuelas rurales y corredores productivos.

En ese marco mencionó intervenciones sobre el Camino Viejo a La Dulce, el kilómetro 31, el kilómetro 40 y accesos vinculados a establecimientos educativos.

Respecto de la Escuela Agropecuaria de Ramón Santamarina, explicó que el problema principal aparece con el tránsito pesado. “Un auto o una camioneta pasan, pero el colectivo ya tiene otra dificultad”, resumió.

También confirmó que existe colaboración del sector agropecuario mediante aportes de horas máquina administradas junto al Consorcio de Gestión de Puerto Quequén.

En paralelo, la situación urbana tampoco escapa a las dificultades.

De la Calle recordó que Necochea y Quequén poseen unas 4.000 calles entoscadas y que el crecimiento urbano de los últimos años redujo zonas disponibles para drenaje.

“La ciudad creció muchísimo y eso limita lugares donde antes uno podía derivar el agua”, explicó.

Actualmente el EMSUR dispone de cinco máquinas operativas para mantenimiento urbano, complementadas por contrataciones externas. Pero nuevamente aparece el clima como condicionante.

“Si esperamos el pronóstico perfecto, no podríamos trabajar en todo el invierno”, sostuvo.

También reveló que el costo de intervenir una sola cuadra urbana puede rondar actualmente los tres millones de pesos entre maquinaria, combustible, materiales y personal.

En materia sanitaria, el panorama aparece más estable.

Según detalló, actualmente funcionan unos 30 pozos de agua y no existen inconvenientes estructurales de abastecimiento, aunque persisten trabajos sobre pérdidas en redes antiguas.

Además, aseguró que el ente mantiene abastecimiento de repuestos e insumos para maquinaria y funcionamiento cotidiano.

Finalmente confirmó que ya fue elevada la documentación para la emergencia agropecuaria y que además se terminó de gestionar un pedido de subsidio ante el Ministerio de Asuntos Agrarios destinado a atender la situación rural.

Con el invierno recién iniciado y una frecuencia de lluvias que no da respiro, el desafío para el EMSUR parece ser menos recuperar la normalidad y más sostener la transitabilidad y los servicios esenciales hasta que el clima permita empezar una etapa de reconstrucción más profunda.

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