La preocupación por la erosión de sectores de la barranca del río, con una señal política desde el radicalismo local

La erosión sobre la ribera del Río Quequén volvió al centro de la agenda pública. Un proyecto presentado por el concejal radical Rodrigo Irigoyen derivó en una reunión con técnicos de Hidráulica bonaerense y abrió una discusión más amplia. Cómo preservar uno de los paisajes más valiosos de Necochea y qué capacidad tiene hoy el Estado para anticiparse antes de que el problema se vuelva irreversible.

Hay lugares que forman parte del paisaje cotidiano y que justamente por eso dejan de mirarse. Uno pasa, toma mate, camina, pesca, lleva a los chicos, estaciona un rato frente al río y supone que todo seguirá ahí para siempre. Hasta que un día aparece una grieta. Y después otra. Y de golpe una barranca deja de ser una barranca y empieza a transformarse en un problema.

Ese fue el eje de la entrevista realizada este lunes en Voces de la Tarde, programa que conduce Jorge Gómezpor Radio Noticias Necochea 97.3 FM, al concejal de la Unión Cívica Radical de Necochea, Rodrigo Irigoyen, integrante del bloque unipersonal del partido, que decidió llevar al Concejo Deliberante una preocupación que ya circulaba entre vecinos y usuarios habituales del paseo ribereño.

El tema es concreto. El proceso de erosión que viene registrándose en sectores sobre la margen de Necochea del Río Quequén, particularmente en el área del paseo costero que arranca desde la bajada del Club del Valle hasta el Puente Taraborelli.

Una zona que durante años fue consolidándose como espacio recreativo y que hoy empieza a mostrar señales visibles de desgaste.

Irigoyen contó que la inquietud comenzó a partir del llamado de vecinos que advertían situaciones de riesgo, especialmente por la cercanía de juegos y espacios de circulación con sectores donde el terreno comenzó a ceder.

Antes de avanzar con el proyecto decidió recorrer personalmente el lugar. Lo hizo durante el fin de semana.

Y lo que encontró reforzó la necesidad de plantear el tema institucionalmente. Según describió, hay sectores donde el retroceso de la barranca ya compromete áreas que hasta hace pocos años tenían otra configuración y donde el avance del agua empieza a acercarse peligrosamente al trazado del camino ribereño.

El proyecto de resolución presentado derivó rápidamente en una reunión de la vomisión de Infraestructura del Concejo Deliberante realizada este lunes por la mañana, con participación de personal técnico del área de Hidráulica de la Provincia de Buenos Aires.

Allí apareció una primera definición importante.

No existe, al menos por ahora, un estudio integral actualizado que permita establecer el alcance real del fenómeno ni definir cuál sería la intervención necesaria.

Los técnicos expusieron relevamientos previos, imágenes comparativas y señalaron que el comportamiento del río, sumado a las pendientes naturales del terreno y al funcionamiento del sistema de desagües pluviales, conforma un escenario complejo.

Uno de los puntos mencionados fue la presencia de varias descargas pluviales que terminan influyendo sobre la dinámica del suelo y que requerirían una revisión más profunda.

También se analizaron antecedentes de otras ciudades donde situaciones similares demandaron obras de contención de gran escala y costos elevados.

La conclusión fue prudente pero clara. Antes de hablar de obra hay que estudiar.

Pero detrás del aspecto técnico apareció una pregunta inevitablemente política.

¿Quién hace la obra? Porque si la competencia principal es provincial, la gestión y la insistencia terminan siendo locales.

Y ahí se abre un debate conocido para Necochea. La sensación permanente de que algunas obras estructurales parecen llegar siempre más tarde.

Durante la charla apareció una comparación espontánea con inversiones provinciales en otros corredores viales y con obras largamente reclamadas por el distrito.

No como competencia entre ciudades, sino como expresión de una inquietud repetida que es cómo lograr que las necesidades locales entren efectivamente en la agenda de prioridades.

Rodrigo Irigoyen evitó convertir el tema en una disputa partidaria. Por el contrario, insistió en que hay cuestiones que deberían quedar por encima de las diferencias políticas.

“El objetivo es atacar el problema antes de que pase algo”, resumió.

Y ahí aparece otra dimensión de la discusión. Porque no se trata solamente de proteger una calle o una barranca. Se trata de preservar uno de los espacios más valiosos que tiene Necochea: el vínculo entre ciudad, río y paisaje.

Ese recorrido donde generaciones enteras aprendieron a andar en bicicleta, fueron a pescar o simplemente descubrieron que el río también forma parte de la identidad local.

Sobre el final de la entrevista hubo tiempo para la política.

El concejal habló del presente del radicalismo local, del nuevo esquema partidario encabezado por Daniel Molina y de la necesidad -según planteó- de volver a construir una agenda centrada en gestión, infraestructura y obra pública.

Sin definiciones electorales fuertes, pero con una idea repetida varias veces. Que discutir el futuro también empieza por mirar mejor aquello que ya tenemos. Y que, a veces, la primera señal de deterioro aparece donde menos se espera: en una barranca que parecía eterna.

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