En una entrevista en Voces de la Tarde, el profesor y analista internacional repasó el impacto de la Revolución Americana, su vínculo con la Revolución Francesa y el proceso que dio origen a las democracias contemporáneas. También trazó un puente hacia el presente y analizó el escenario internacional marcado por la disputa entre Estados Unidos, China y Rusia, el lugar de Europa y el posicionamiento argentino
La proximidad del aniversario número 250 de la declaración de independencia de Estados Unidos, a recordarse este sábado 4 de julio, sirvió como punto de partida para una conversación que rápidamente dejó de mirar únicamente al siglo XVIII para proyectarse sobre el presente y el futuro del orden internacional.
Este martes 30 de junio, en el programa Voces de la Tarde que conduce Jorge Gómez por Radio Noticias Necochea 97.3 FM, el profesor Gustavo de Francisco -historiador y analista de temas internacionales- participó de una entrevista centrada en el significado histórico de la Revolución Americana y en el modo en que aquel proceso todavía proyecta consecuencias sobre la política mundial.
La charla comenzó con una pregunta histórica, pero también política ¿Qué representó aquella independencia para el nacimiento del mundo contemporáneo?
De Francisco propuso una mirada amplia y explicó que la modernidad no puede entenderse como un hecho aislado sino como el resultado de transformaciones simultáneas.
“La modernidad política se puede plantear como una doble revolución”, expresó.
Según explicó, mientras la Revolución Industrial modificaba las bases económicas del mundo desde Inglaterra, en el plano político comenzaban procesos que rompían con el antiguo régimen.
“La primera fue la de Estados Unidos, que es una revolución claramente política. La segunda es la Revolución Francesa, que además tuvo un contenido social mucho más profundo”, manifestó.
A ese recorrido sumó luego el proceso emancipador latinoamericano. “El tercer eje de esta oleada revolucionaria fueron las revoluciones hispanoamericanas, que terminan rompiendo el esquema del Imperio Español”, señaló.
Para el profesor, el gran cambio de época consistió en cuestionar la idea de que el poder derivaba del derecho divino de los reyes.
“Empieza a aparecer la soberanía popular, empiezan a elegirse autoridades y aparecen derechos que todavía hoy forman parte de nuestras sociedades”, dijo.
En ese marco, destacó que la experiencia estadounidense terminó convirtiéndose en una referencia institucional para gran parte del continente.
“Muchas constituciones latinoamericanas tomaron elementos del modelo estadounidense, especialmente en materia de organización política y derechos”, expresó.
Durante el recorrido histórico recordó que el proceso independentista norteamericano comenzó con apenas trece colonias y una consigna que sintetizaba buena parte del conflicto.
“No hay carga impositiva sin representación política”, señaló al recuperar el histórico lema revolucionario. Sin embargo, aclaró que nadie imaginaba entonces que ese país terminaría adquiriendo una dimensión global.
La entrevista avanzó luego hacia el crecimiento de Estados Unidos como potencia continental y posteriormente mundial. Gustavo De Francisco repasó la expansión territorial, la incorporación de nuevos territorios y el salto definitivo que significaron las guerras mundiales.
“A partir de la Primera y especialmente de la Segunda Guerra Mundial Estados Unidos deja de ser una potencia continental y pasa a tener una dimensión global”, manifestó.
En ese recorrido también remarcó que el liderazgo estadounidense trascendió lo militar y lo económico. “Estados Unidos sigue siendo una gran potencia en términos de poder blando. El cine que consumimos, las series, la música y buena parte de la cultura global”, sostuvo.
Pero rápidamente llevó el análisis al presente. Para el entrevistado, una de las principales equivocaciones de las décadas posteriores a la caída del Muro de Berlín fue creer que el mundo había quedado definitivamente bajo hegemonía norteamericana.
“Se pensó que iba a existir un modelo unipolar y que se terminaban los conflictos entre modelos políticos. Eso no ocurrió”, expresó.
En contraste, señaló que hoy el escenario internacional presenta múltiples centros de poder.
“Ya no estamos en un mundo bipolar. Estamos en un esquema tripolar o multipolar”, afirmó.
Según describió, los tres grandes actores actuales son Estados Unidos, China y Rusia.
Sobre China fue especialmente enfático. “China ya no es solamente una potencia económica. También es una potencia tecnológica y militar”, manifestó. Y agregó: “En inteligencia artificial, microchips, robótica y desarrollo industrial está disputando liderazgo real con Estados Unidos”.
Respecto de Rusia, interpretó que la guerra con Ucrania debe leerse dentro de una lógica más amplia.
“No es solamente Rusia contra Ucrania. Hay un conflicto mucho más complejo donde aparecen Europa y la OTAN”, expresó. También señaló que desde la mirada rusa existe una percepción histórica particular sobre ese territorio.
“Ellos consideran que Ucrania y Rusia son pueblos con un origen común”, dijo. La conversación derivó luego hacia Europa y el lugar que ocupa hoy en el tablero internacional. Para Gustavo De Francisco, el continente atraviesa limitaciones económicas, energéticas y demográficas.
“Europa tiene una estructura económica menos integrada de lo que muchas veces creemos y además enfrenta un desafío muy fuerte vinculado con la inmigración y el envejecimiento poblacional”, manifestó.
Sobre Estados Unidos también marcó cambios internos vinculados con la composición social. “El crecimiento demográfico latino, especialmente mexicano, está modificando la estructura del país”, señaló.
Ya sobre el final, el análisis se trasladó a América del Sur y al posicionamiento argentino.
De Francisco sostuvo que Brasil aparece como el principal actor regional con continuidad estratégica más allá de los cambios de gobierno.
“Brasil mantiene intereses nacionales relativamente constantes desde hace décadas”, expresó. Y dejó una definición sobre política exterior argentina. “Los alineamientos incondicionales no sirven porque el interés de una potencia no necesariamente coincide con el interés nacional argentino”, manifestó.
A 250 años de aquella declaración de independencia que cambió el rumbo del Atlántico y abrió un nuevo tiempo político, la conversación terminó dejando una idea que atravesó toda la entrevista, o sea entender el presente sigue exigiendo volver una y otra vez a los grandes momentos fundacionales de la historia.








