El padre Alejandro Martínez señala que “la pobreza no es sólo hambre” y que el invierno expone las heridas sociales de Necochea

Desde el Salón Gozo y Esperanza, vinculado a la Parroquia Medalla Milagrosa, el sacerdote describió el crecimiento de situaciones de vulnerabilidad, consumo y vida en la calle. Advirtió sobre el riesgo de naturalizar la pobreza y destacó el papel silencioso de vecinos y voluntarios

Este miércoles 1 de julio, en el programa Voces de la Tarde que conduce Jorge Gómez por Radio Noticias Necochea, fue entrevistado el cura párroco de la parroquia Medalla Milagrosa, Alejandro Martínez, quien compartió una mirada social y pastoral sobre el invierno, el crecimiento de situaciones de vulnerabilidad y el trabajo cotidiano que se desarrolla desde el Salón Gozo y Esperanza.

Con temperaturas extremas y una realidad social que atraviesa distintos barrios de la ciudad, el sacerdote describió un escenario donde el alimento sigue siendo una necesidad urgente, pero donde aparecen también otras carencias menos visibles.

“Nosotros intentamos responder a lo que va emergiendo”, expresó. La parroquia sostiene distintas acciones comunitarias, entre ellas Cáritas y el comedor Gozo y Esperanza, que funciona de domingo a viernes y recibe diariamente a personas en situación de vulnerabilidad.

El padre Martínez explicó que el espacio abre sus puertas desde las primeras horas de la tarde y que el frío modificó incluso los horarios de llegada. “Ahora están llegando más temprano por el frío”, contó.

Según detalló, el comedor recibe principalmente adultos jóvenes y personas de mediana edad que encuentran allí mucho más que una comida.

A las siete y cuarto de la tarde se sirve una sopa caliente que, según relató, suele ser el plato más esperado. Luego llega una segunda comida preparada con lo que aportan vecinos, comercios y voluntarios. “Nadie come menos de dos platos”, señaló.

Pero rápidamente aclaró que el objetivo del espacio excede lo alimentario. “No es solamente mirar la situación social que estamos viviendo. Queremos ofrecer, frente a la angustia y la tristeza que vive una persona, algo más”, sostuvo.

Durante la entrevista describió distintas situaciones de calle que observa cotidianamente en sectores de la ciudad y estimó que existen decenas de personas atravesando esa realidad en distintos puntos de Necochea.

Sin embargo, evitó reducir el problema únicamente al aspecto económico. “La pobreza no es tan sólo de hambre”, afirmó. Y agregó una definición que atravesó toda la conversación. “Hay una pobreza social, que la vemos aumentando, y una pobreza corrupta”, acotó.

Para el sacerdote, el mayor riesgo no es solamente el crecimiento de las necesidades sino acostumbrarse a ellas. “Tengo miedo de naturalizarlo y hablar de los pobres como una realidad que ya está”, reflexionó.

En ese sentido cuestionó una mirada que convierte el problema en estadística y pierde de vista las historias personales. “Para algunos sectores el hermano necesitado es un número. Cuando uno toma conciencia, ese pobre tiene nombre, historia y realidad”, manifestó.

El sacerdote también habló del impacto del consumo problemático y advirtió que el fenómeno atraviesa distintos sectores sociales.

“En Necochea creció muchísimo el consumo de drogas y no solamente en sectores bajos”, expresó. Aseguró que detrás de muchas situaciones de calle aparecen además enfermedades, violencia, rupturas familiares y una fuerte necesidad de escucha.

“No alcanza con darle un plato de comida y que se vaya. Ellos vienen buscando una mesa servida, una charla y una oreja que escucha”, señaló.

Desde la comunidad parroquial también trabajan articuladamente con profesionales, voluntarios y dispositivos de acompañamiento.

Alejandro Martínez contó que existen médicos que reciben personas derivadas desde el espacio, peluqueros que ofrecen atención gratuita y programas educativos para completar estudios.

Además, recordó el trabajo que realizan en el Centro Barrial Padre Jesús Domaica, donde acompañan jóvenes con consumos problemáticos y articulan derivaciones para tratamientos. “Lo más lindo es cuando alguien te dice: ‘Padre, no doy más, quiero salir de esto’. Ahí empezamos a trabajar”, relató.

Lejos de presentar la asistencia como una acción individual, el sacerdote insistió en que el sostén aparece desde la comunidad. “Se aumenta la necesidad, pero también aumenta la providencia de Dios a través del corazón del otro”, expresó.

Y resumió el espíritu del trabajo cotidiano con una frase que funciona como definición y desafío: “Nadie se salva solo”.

Para quienes quieran colaborar, explicó que pueden acercarse directamente a la parroquia Medalla Milagrosa para aportar alimentos, tiempo o sumarse como voluntarios.

En un invierno atravesado por el frío y las dificultades económicas, el sacerdote dejó una última idea que recorrió toda la charla: detrás de cada plato servido hay una historia que merece ser escuchada.

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