El arte de mirar al de al lado

(Columna del blog Pensar en Comunidad-Entre la experiencia y la curiosidad)

Hay algo que me preocupa cada vez más del debate público argentino y que, lamentablemente, también se evidencia en nuestra ciudad: pareciera que reconocer un problema se ha convertido en un acto político. Muchos dirigentes terminan ocupando un lugar muy incómodo: el de defender situaciones que, en el fondo, saben que funcionan mal. No lo hacen porque desconozcan los problemas, sino porque admitirlos significaría darle la razón al adversario.

En un artículo anterior hablaba de la importancia de construir buenos diagnósticos. Sin aceptar primero cuál es el problema, resulta imposible encontrar una solución seria. Sin embargo, la lógica partidaria actual empuja exactamente en el camino contrario: si un dirigente admite que existe una falla, siente que fortalece al enemigo. Es ahí donde aparecen las comparaciones permanentes como escudo: «Sí, pero el otro está peor», «Sí, pero ellos hicieron lo mismo». Mientras tanto, el ciudadano común sigue esperando y el problema continúa exactamente donde estaba.

Cuando el diagnóstico se convierte en una bandera

Tomemos SOLO como ejemplo el sistema de salud de nuestros jubilados (PAMI) y el de los trabajadores públicos de la provincia de Buenos Aires (IOMA). Son administraciones opuestas desde lo político. Sin embargo, cualquier vecino de Necochea, de Quequén o del interior del partido conoce de primera mano el calvario cotidiano de ambos sistemas: los atrasos en las delegaciones locales, los cortes de servicios por deudas con prestadores o la falta de cobertura básica. No hace falta ser oficialista ni opositor para verlo; hace falta convivir con la realidad local.

Pero cuando alguien critica el funcionamiento de IOMA, rápidamente saltan los defensores de turno a desviar la atención hablando de PAMI, y viceversa. Se utilizan los escándalos nacionales como cortinas de humo para no dar respuestas locales. Como si el fracaso de uno, o la falta ética del otro, justificaran las carencias que padece el vecino a la vuelta de nuestra casa.

Ver el pasado sin dejar de mirar el presente

Con la economía cotidiana ocurre algo parecido. Es difícil negar que la inflación ha bajado significativamente, lo cual es un dato objetivo y una buena noticia; nadie puede construir un proyecto de comunidad con una inflación descontrolada. Pero reconocer ese avance no debería impedirnos caminar por Necochea y ver otra realidad que también existe: comercios históricos y pequeñas empresas locales asfixiados por el aumento de las tarifas y la caída de las ventas.

No se trata de una percepción subjetiva: según datos de la Central de Deudores del Banco Central, la morosidad de las familias en el sistema bancario trepó al 12,7% y roza el 33% en las plataformas digitales. Casi 7 millones de argentinos quedaron atrapados en deudas que ya no se usan para progresar, sino para cubrir la subsistencia diaria. Los antecedentes explican la realidad, pero no la reemplazan. Una democracia madura debería permitirnos decir dos cosas al mismo tiempo sin entrar en contradicción: que bajar la inflación es un paso necesario, pero que las familias y el comercio local atraviesan enormes dificultades.

La política nacional no puede reemplazar la agenda local

Lo llamativo es cómo nuestra propia dirigencia queda presa de estos libretos importados para evitar los temas locales que llevan años sin resolverse. En Necochea convivimos con un mapa político diverso. También contamos con representantes vinculados a diversas fuerzas provinciales y nacionales, e incluso a proyectos políticos de distritos con enormes recursos, como el PRO en la Ciudad de Buenos Aires. Toda esa red de conexiones e influencias debería servir para gestionar y traer soluciones concretas a nuestra ciudad, en lugar de utilizarse para replicar discusiones ajenas.

¿Cómo puede ser que nos cueste tanto ponernos de acuerdo sobre los temas estructurales del distrito? No se puede construir comunidad viviendo de la queja, echándole la culpa al otro de lo que falta o justificándose en lo que pasó. Confundir el reconocimiento de una falla con una derrota política es un error profundo. Los mejores gobiernos no son aquellos que afirman que todo funciona a la perfection, sino los que tienen la honestidad de reconocer dónde están las fisuras para empezar a corregirlas.

También nosotros tenemos una responsabilidad

Tampoco los ciudadanos estamos exentos de esta lógica. En los análisis políticos actuales se habla de la polarización afectiva; un fenómeno que ocurre cuando el debate pasa a ser puramente una cuestión de identidad («nosotros contra ellos»), donde reconocer una falla del espacio propio se vive casi como una traición. Por eso, muchas veces elegimos defender «a los nuestros» antes que aceptar una realidad incómoda. Aplaudimos en las redes la chicana picante, aunque no haya contestado absolutamente nada sobre el problema de fondo.

Quizás nosotros, como comunidad, también debamos empezar a romper ese sesgo, bajando la guardia para exigir menos relatos de tribuna y más diagnósticos honestos. Tal vez el primer paso para pensar en comunidad sea aceptar la realidad de lo que no funciona. Sin un diagnóstico honesto acá, en nuestro territorio, nunca habrá una solución para nuestros ciudadanos.

https://pensarencomunidad2025.blogspot.com/2026/07/el-arte-de-mirar-al-de-al-lado.html?fbclid=IwY2xjawS2OIBleHRuA2FlbQIxMABicmlkETFZQm5jQmxFaDA0Vmh1aVZ0c3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHpoLn6rnQmOW8eUlYnfQ9viqEq8cJyMzkHsMRF9KiHATHddYa1ZW_GCfkbEg_aem_e-6Sa6ebyHNM8H-mSvTaFA

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