En el Jardín N.º 903 “Enrique Balech”, una propuesta de Puerto Ciudad transformó una experiencia con arcilla en una escena que trasciende el aula: una comunidad que comienza a construir identidad, pertenencia y futuro desde la primera infancia.
Durante unos segundos nadie habló. Diecinueve chicos de cuatro y cinco años observaban con atención. Después llegaron la arcilla, el agua y las manos. La sala comenzó a llenarse de pequeñas formas que cambiaban con cada intento. Sin buscarlo, estaban aprendiendo que construir también es descubrir.
La experiencia forma parte de Puerto Ciudad, la estrategia de integración territorial impulsada por el Consorcio Puerto Quequén bajo la gestión de su presidente, el Dr. Mariano Berlingo. A través del Subprograma de Arte Recreativo y Didáctico, coordinado por Pamela Klink y la Lic. Sofía Pollán, la propuesta llevó al Jardín N.º 903 una vivencia donde observar, experimentar y crear ocurrieron al mismo tiempo.
El hornero fue el símbolo elegido. No por su nido, sino por lo que representa: arraigo, trabajo y construcción compartida. Toma lo que ofrece el territorio y lo transforma en un lugar donde la vida puede crecer. Esa imagen encuentra un paralelo natural con una ciudad portuaria, donde el desarrollo nace de la capacidad de integrar personas, producción y comunidad en un mismo proyecto.



Cada creación fue diferente. Algunos chicos incorporaron pequeños huevos; otros imaginaron nuevas formas. En cada decisión apareció algo más profundo que una actividad artística: la experiencia de aportar una parte propia a una construcción colectiva.
Ese es el sentido que impulsa Puerto Ciudad: acercar el puerto a la comunidad mediante experiencias que dejan memoria y fortalecen el sentido de pertenencia. Porque el futuro de una ciudad portuaria comienza mucho antes de un muelle o un barco. Empieza cuando una niña o un niño descubre que construir juntos también es una forma de cuidar el lugar donde vive.








