El párroco Gonzalo Domench contó que ingresaron a las capillas San Pablo y Buen Pastor y se llevaron garrafas, alimentos y elementos utilizados para asistir a los vecinos. La respuesta de la comunidad fue inmediata, mientras el sacerdote llamó a no juzgar y advirtió sobre una crisis que también es de valores
El frío volvió a instalarse de golpe sobre Necochea y Quequén y, con él, reaparecen escenas que muestran con crudeza las dificultades cotidianas de muchos vecinos. En las últimas horas, dos capillas vinculadas a la Parroquia Santa Teresita fueron víctimas de robos. Son San Pablo, en el barrio Los Álamos, y Buen Pastor, en el barrio Naranjo.
El episodio fue relatado este jueves 20 de agosto por el párroco Gonzalo Domench durante una entrevista en Voces de la Tarde, el programa que conduce Jorge Gómez por Radio Noticias Necochea. Los delincuentes ingresaron por las ventanas y, en San Pablo, se llevaron una garrafa y mercadería. En Buen Pastor, en tanto, robaron dos garrafas, una cocina eléctrica, una calentadora, una estufa eléctrica, una pava eléctrica y distintos elementos utilizados para las meriendas, además de alimentos, jarritas y tazas.
Pero el robo de las garrafas tuvo una consecuencia concreta y dolorosa. En la capilla San Pablo se cocina para más de cien personas los martes y jueves. El martes pasado, como consecuencia de la falta de gas, esa comida no pudo prepararse. Más de cien personas quedaron, de esa manera, sin una comida que para muchos representa una ayuda fundamental.
La buena noticia llegó después. La comunidad reaccionó rápidamente y las garrafas fueron repuestas. “Dios y la gente siempre responden”, resumió Domench, que incluso bromeó con que, después del robo de tres garrafas, ya tenían cinco. “Tampoco vamos a poner una YPF”, apuntó.
Sin embargo, detrás de la anécdota aparece una realidad que el sacerdote prefirió mirar desde otro lugar. Consultado sobre qué les diría a quienes ingresaron a robar, respondió que probablemente exista una situación de desesperación. Puede ser por vulnerabilidad, por el frío, por el consumo o por otras circunstancias. Pero, en todos los casos, pidió no juzgar ni etiquetar.
“Creo que todavía en la conciencia, en lo profundo del corazón, que cuando se fueron a dormir les debe hacer ruido esto”, sostuvo. Y agregó que no debe ser sencillo entrar a robar a una capilla.
Gonzalo Domench reconoció la impotencia y el desánimo que genera para quienes sostienen cotidianamente esos espacios. Personas que ponen tiempo, esfuerzo y amor para recibir a otros se encuentran de pronto con las cosas rotas y los elementos necesarios para continuar con la tarea desaparecidos.
Pero el sacerdote eligió quedarse con otra imagen: la de una capilla donde, pese al frío, ese jueves había fiesta y comunidad.
La reflexión también se cruzó con una enseñanza familiar. Durante la entrevista surgió el recuerdo de un padre que, después de descubrir quién le había robado, fue hasta su casa y le dijo: “Si necesitás algo, pedímelo, que yo te lo voy a dar”. Una frase sencilla, pero que plantea una pregunta incómoda ¿Cuántas veces alguien deja de pedir porque se cansó de hacerlo?
Gonzalo Domench reconoció que no siempre es sencillo pedir ayuda y que, en determinadas situaciones, el consumo puede llegar a consumir hasta las ganas de vivir dignamente. Por eso habló de una crisis que no es solamente económica, sino también de valores, en una sociedad atravesada por la violencia, la agresividad y la necesidad permanente de señalar al otro.
Frente a eso, Santa Teresita vuelve a responder con lo que tiene: comunidad, solidaridad y la decisión de seguir adelante. Porque esta vez se llevaron tres garrafas. Pero no pudieron llevarse lo más importante, o sea las ganas de seguir ayudando.



