El ingeniero analizó el crecimiento urbano de Necochea y Quequén, reclamó una mirada más creativa sobre el frente costero y sostuvo que hay capital privado dispuesto a invertir. También advirtió por la caída de la actividad comercial, la falta de vivienda y el achicamiento de la clase media
A los 62 años, Gustavo Galván sigue recorriendo obras, atendiendo clientes y mirando la ciudad con la experiencia de quien lleva décadas vinculado con su desarrollo. Ingeniero civil y conocedor de la actividad privada, pasó este jueves 20 de agosto por Voces de la Tarde, programa que conduce Jorge Gómez por Radio Noticias Necochea, y dejó una mirada crítica sobre el presente de la ciudad, pero también una advertencia: Necochea tiene un enorme potencial y necesita decidir qué quiere hacer con él.
Su comparación más inmediata fue con Quequén. Mientras observa allí un fuerte movimiento urbanístico, nuevas viviendas, circulación de materiales y crecimiento hacia sectores que hasta hace pocos años parecían alejados, considera que el frente marítimo de Necochea permanece estancado.
“Necochea lo veo antiguo”, resumió. A su entender, la ciudad se está quedando atrás respecto de otros balnearios y mencionó como referencia a Mar de las Pampas, Cariló y otros destinos que lograron desarrollar propuestas urbanas y turísticas diferentes.
Para Gustavo Galván, uno de los problemas es que la ciudad continúa concentrando buena parte de sus inversiones y servicios en un sector demasiado reducido del frente costero. Propuso comenzar a pensar el crecimiento hacia la Avenida de los Eucaliptus -interior del Parque Lillo-, generando allí nuevos espacios de servicios, paradores y propuestas gastronómicas.
La idea, aclaró, no implica necesariamente que el Estado municipal deba poner dinero, sino que debería asumir un papel activo para convocar inversores y ofrecer proyectos. “Falta creatividad”, sostuvo, y recordó que en otros momentos hubo dirigentes que viajaron a Buenos Aires para buscar inversores interesados en Necochea.
En esa misma lógica ubicó al Jardín de Rocas, un predio municipal de algo más de seis hectáreas que, según explicó, se encuentra dentro del dominio privado municipal. Galván consideró que podría convertirse en un activo para atraer inversiones, siempre preservando el entorno natural.
La comparación con Mar de las Pampas volvió a aparecer. Allí, señaló, existen espacios comerciales integrados al paisaje, con propuestas que permiten al turista encontrar alternativas incluso fuera de la temporada de verano.
Para Necochea imaginó algo similar. Un desarrollo que respete el verde, limite alturas y preserve el carácter del lugar, pero que permita generar actividad durante todo el año.
“No se trata de destruir el verde”, sostuvo. Por el contrario, planteó que las zonas sin forestación podrían ser las primeras en discutirse para generar nuevas propuestas.
Pero el ingeniero también puso los pies sobre la realidad económica. La obra pública prácticamente desapareció y la construcción privada atraviesa dificultades. Según relató, los corralones y comercios de materiales registran una fuerte caída en las ventas y la actividad comercial también está deprimida.
Gustavo Galván reconoció que los profesionales con una trayectoria consolidada todavía pueden sostener un nivel de trabajo, especialmente aquellos vinculados al sector agroexportador. En su caso, mantiene obras para empresas cerealeras y clientes particulares. Pero esa situación, aclaró, no representa al conjunto de la actividad.
“Hay trabajo, pero no todo el mundo tiene”, resumió.
También observó una transformación en el mercado laboral, o sea la necesidad hace que muchas personas acepten realizar trabajos por valores inferiores a los que realmente deberían cobrar. Mientras algunos sectores, como el campo y la minería, mantienen mejores niveles de actividad, la industria y el comercio sufren.
El otro gran problema que señaló es el acceso a la vivienda. Estimó que Necochea podría necesitar entre 4.000 viviendas y posiblemente más, y sostuvo que un censo de demanda habitacional permitiría conocer con precisión la magnitud del problema.
La situación afecta especialmente a jóvenes que terminan sus estudios y permanecen viviendo con sus padres porque no pueden afrontar un alquiler o acceder a un crédito hipotecario.
Para Galván, allí también aparece una diferencia con otras épocas, cuando el Estado intervenía mediante terrenos, planes de autoconstrucción y créditos a tasas accesibles.
En paralelo, observa un achicamiento de la clase media. “El que está bien está bien, y el que está bien está mejor”, describió, mientras que quienes dependen de su trabajo cotidiano enfrentan mayores dificultades para llegar a fin de mes.
Su diagnóstico combina entonces dos caras de Necochea. Una ciudad con enormes recursos naturales, tierra disponible, actividad agroexportadora y capacidad de atraer inversiones; y otra que atraviesa dificultades para generar empleo, vivienda y movimiento comercial.
La conclusión de Gustavo Galván no fue pesimista, sino un llamado a pensar la ciudad a largo plazo. Necochea, dijo, tiene todo para crecer. Lo que todavía parece faltar es una decisión colectiva sobre qué ciudad se quiere construir y hacia dónde se quiere llevar ese crecimiento.



