(Nota de La Capital de Mar del Plata)
Daniel Hadad observa el mundo con la mezcla de fascinación y prudencia que suele acompañar a los momentos de transición histórica. Desde Estados Unidos —donde reside desde hace cinco años— sigue con atención el pulso argentino, pero lo inserta siempre en un mapa más amplio. Para él, la Argentina no puede entenderse hoy sin mirar la reconfiguración global del poder.
“No estoy viviendo en Argentina hace unos cinco años; ahora estoy en Estados Unidos. Pero igual sigo muy atento lo que pasa. Y tengo la sensación de que el fin de año de 2025 fue uno de los más tranquilos y pacíficos que recuerdo”, afirmó en entrevista concedida al programa “Agenda Real”, el ciclo de streaming de LA CAPITAL y Canal 8.
Lejos de los pronósticos apocalípticos, Hadad describió un escenario diferente: una Argentina que, según su visión, comienza a ubicarse dentro de un nuevo esquema geopolítico continental.
“Veo a la Argentina dentro de una especie de nueva alianza que empieza a delinearse. Todavía no podemos ver los resultados, pero hay algo diferente. No necesariamente por iniciativa argentina, sino por un cambio global”, explicó.
Hadad sostuvo que el país integra hoy un bloque regional —junto a Chile, Paraguay, Bolivia, Perú y varios países centroamericanos— con una relación con Estados Unidos “tan fuerte como no recuerdo en décadas”.
Tal vez —dijo— hubo un antecedente en los años 90 con el intento del ALCA, pero subrayó que el contexto actual es más profundo y estratégico.
“Es geopolítica pura. Estados Unidos está diciendo, en términos simples: ‘América para los americanos’. Es frenar la expansión comercial y estratégica de China en la región, la influencia iraní en Bolivia o el financiamiento político desde Venezuela”, describió.
En esa lectura, la Argentina habría dejado atrás una etapa de ambigüedad en política exterior.
“Argentina venía zigzagueando. Recuerdo cuando Alberto Fernández visitó Moscú días antes de la invasión a Ucrania y habló de que Argentina podía ser la puerta de entrada de Rusia en América Latina. Luego fue a China. Había una cierta confusión estratégica. Hoy veo mayor claridad”, sostuvo.
El actual alineamiento con Estados Unidos —y en el plano simbólico también con Israel— responde, según explicó, a una combinación de intereses económicos y afinidades de valores. “No sé si es cuestión de entusiasmo. Nosotros estamos para describir lo que ocurre”, matizó.
La nueva geopolítica de los minerales
En su análisis, el siglo XXI no se ordena ya alrededor del petróleo sino de los recursos críticos para la tecnología.
“En el siglo XX el petróleo movía al mundo. Hoy los minerales estratégicos y las tierras raras son fundamentales para chips, satélites, equipamiento médico e inteligencia artificial”, explicó.
“Cuando prendemos el celular pensamos en el litio. Pero además hay varios minerales de tierras raras imprescindibles para que funcionen los chips, los satélites o el equipamiento médico”, detalló.
Argentina, Bolivia y Chile conforman un triángulo privilegiado en ese mapa. “Durante años, compañías chinas lideraron la extracción. Ahora el interés viene más de Estados Unidos y Europa”, reveló.
Para Hadad, estamos ante una “nueva geopolítica de recursos”, comparable al rol que tuvo el petróleo durante el siglo pasado.
“Estos minerales sirven para todo: medicina, comunicaciones, defensa, inteligencia artificial. Atraviesan todas las industrias del futuro”, subrayó a Agenda Real.
Periodismo en crisis
Como fundador de Infobae, Hadad habló desde la experiencia directa. “El periodismo vive una crisis profunda, no por sí mismo, sino por el cambio tecnológico”, afirmó.
Recordó que durante décadas la comunicación fue vertical: pocos emitían, muchos recibían. La irrupción del smartphone alteró esa lógica. “Hoy todos emiten y reciben. Eso transformó el poder”, señaló.
Durante años el periodismo fue considerado el “cuarto poder”, un contrapeso frente al Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Hoy ese lugar está en disputa. Además, el negocio cambió radicalmente. Los grandes diarios del mundo presentan pérdidas, ajustes y redimensionamientos. En ese contexto mencionó el caso de The Washington Post.
“Tener un medio ya no es automáticamente sinónimo de poder”, advirtió. La adaptación —insistió— es la única salida.
“Durante años enseñamos SEO para optimizar contenidos en buscadores. Hoy hablamos de GEO: optimizar para motores generativos de inteligencia artificial. Ya no escribís solo para Google buscador, sino para que los modelos de IA te consideren fuente autorizada”, explicó.
Eso implica, según dijo, “muchísimo trabajo técnico” y capacitación constante.
Inteligencia artificial: fascinación y vértigo
La inteligencia artificial atraviesa todos los planos de su análisis. “Hace años las actualizaciones tecnológicas eran cada seis meses. Hoy son semanales. Cada semana aparecen nuevas herramientas”, observó.
Infobae —contó— comenzó a trabajar con modelos de lenguaje hace casi cuatro años, cuando todavía parecía una curiosidad.
“Al principio parecía algo experimental; hoy es central”, señaló. El impacto no se limita al periodismo, sostuvo, y añadió que “lo que estamos viendo en medicina, en edición de video, en análisis de datos, es impresionante”, expresó.
“Me maravilla y me inquieta. Pero enojarse con la inteligencia artificial es lo menos inteligente. La clave es adaptarse y capacitarse permanentemente”, sintetizó.
En uno de los pasajes más contundentes de la entrevista dejó una frase que resume su diagnóstico estructural:
“La democracia fue pensada cuando las empresas no eran más grandes que los Estados”. Hoy —planteó— esa ecuación cambió. Las grandes tecnológicas concentran poder económico, infraestructura y manejo de información a una escala que tensiona el modelo clásico de organización política.
“La democracia fue diseñada en una época en que los Estados eran más grandes que las empresas. Hoy eso no es así”, reiteró.
Cuando compañías privadas manejan infraestructura satelital o flujos globales de información, la relación con los Estados se redefine.
Ese fenómeno convive con liderazgos más personalistas y disruptivos y con el debilitamiento de los partidos tradicionales.
“No sé si es permanente, pero es un cambio profundo. La historia no vuelve atrás”, afirmó.
La reflexión final de Hadad resume el tono de toda la conversación.
“Estamos en una transición profunda: tecnológica, geopolítica, económica. Nunca el conocimiento avanzó tan rápido. Eso genera fascinación y temor al mismo tiempo”, dijo. Frente a ese vértigo, su conclusión es pragmática:
“La única opción es adaptarse, capacitarse y entender que el mundo que conocimos ya cambió”, concluyó.
¿Negociaciones secretas por Malvinas?
En otro pasaje de la entrevista con “Agenda Real”, Daniel Hadad también vinculó el conflicto del Atlántico Sur con la nueva lógica geopolítica global.
Al referirse al regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, mencionó que una de las primeras preocupaciones fue el Canal de Panamá.
“Si esa vía tuviera un problema serio, el comercio mundial quedaría afectado”, explicó.
El paso alternativo natural sería el sur, el Canal de Drake.
“Para eso sería clave que el conflicto entre Argentina y Reino Unido por Malvinas encuentre algún tipo de encauzamiento”, sostuvo.
Y lanzó una hipótesis que no pasó inadvertida: “A mí no me extrañaría —y te diría que no me sorprendería— si en 2027 vemos un comienzo de negociaciones entre la Argentina y Gran Bretaña, auspiciadas quizás por Estados Unidos”, planteó.
Luego añadió un elemento aún más sugestivo. “La única duda que tengo es si no vienen hablando hace ya seis meses algunos exdiplomáticos de los dos países”, completó.
En su mirada, no se trataría de una concesión histórica sino de una necesidad estratégica en un mundo donde las rutas comerciales y los equilibrios de poder vuelven a estar en el centro de la escena.








