El Episcopado frente a los 50 años del 24 de marzo: un llamado a desarmar el lenguaje y fortalecer la democracia

En un documento de profunda carga simbólica y social, la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) alzó su voz de cara al 50° aniversario del golpe de Estado de 1976. Bajo la consigna «Nunca más» a la violencia de la dictadura y «siempre más» a una democracia justa, la Iglesia Argentina no solo propuso un ejercicio de memoria, sino que lanzó una fuerte advertencia sobre los peligros del autoritarismo y la violencia verbal en el escenario político actual (pp. 1, 4).

Una memoria que exige autocrítica

El mensaje, emitido por la Comisión Permanente, reconoce la «oscura noche» que representó el terrorismo de Estado y la tragedia de los desaparecidos, cuyo dolor se multiplica al no poder ser despedidos por sus familiares (pp. 1-2). Sin embargo, la mirada de los obispos no se queda en el pasado. El documento enfatiza que la memoria debe ser «íntegra y luminosa», incluyendo una autocrítica necesaria por parte de la sociedad y de la propia Iglesia presente en aquellos años violentos (pp. 1-2).

El riesgo de las nuevas formas de autoritarismo

Uno de los puntos más agudos de la crónica episcopal es la denuncia de una tendencia creciente al autoritarismo y a populismos que, según el texto, «explotan la angustia de los ciudadanos» sin ofrecer soluciones reales (p. 3). La CEA advierte sobre una «ideología de la supervivencia del más fuerte» que amenaza con desproteger a los más frágiles de la sociedad (p. 3).

«¡Del insulto de cada día, líbranos Señor!»

En un pasaje que resuena con la actualidad de las redes sociales y el debate público, la Iglesia hace un llamado urgente a «desarmar el lenguaje» (p. 3). Critica abiertamente la naturalización del insulto y la agresión en barrios, redes y hasta en el Congreso de la Nación, subrayando que la espiral de violencia comienza siempre en el discurso (p. 3).

«Se torna peligroso acentuar la culpa ajena para proclamar la propia inocencia y justificar una agresión indeterminada», reza el documento en un llamado directo a la responsabilidad civil y política (p. 3).

La democracia como inclusión, no como descarte

Finalmente, el Episcopado vincula la salud de la democracia con la cuestión social. Para los obispos, un sistema que deja fuera a los más pobres, que no garantiza el trabajo digno o que es indiferente a las necesidades básicas de la canasta familiar, es una democracia que se «envilece» (p. 2).

La crónica cierra con una reafirmación del Estado como garante de la dignidad humana y de la Constitución Nacional como el único camino estratégico para el desarrollo y la paz social en la Argentina (p. 4).

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más noticias

Más Noticias

Bienvenido

Login to your account below

Retrieve your password

Please enter your username or email address to reset your password.