(Publicó este domingo Clarin de Buenos Aires)
A los 95, la señora conserva algunos caprichos. Como retocarse el tono de la melena corta o peinarse a 30 kilómetros de su casa de las afueras de Madrid, en la sucursal más VIP de una cadena de peluquerías del barrio de Salamanca, la milla de oro de la capital española. Porque ese mito que, desde hace años, da por descontado que la ex presidenta María Estela Martínez de Perón ya no sale de su chalet amarillo patito de dos plantas del barrio residencial de Villafranca del Castillo es eso: puro mito.
Aferrada al brazo de Gloria, la empleada chilena que la acompaña desde hace más de dos décadas, la mujer que gobernó la Argentina durante 632 días previos a los años más desdichados de nuestra historia reciente abre la puerta de casa a las diez y media de la mañana, entresemana, y, con la ayuda de Gloria y de su chofer, se acomoda en el asiento trasero del Audi A6 plateado en el que sale a pasear.
Unos 40 minutos después, sobre la calle Lagasca, en el barrio madrileño que están colonizando las billeteras de unos cuantos millonarios latinoamericanos, el Audi parará en doble fila y taponará una discreta cola de autos empáticos que, como si supieran que la que está a punto de descender es una ex jefa de Estado, no dicen ni mu y aguardan pacíficamente.
Con gafas oscuras y labios de un rojo indómito que amenaza con fugársele por las comisuras, la viuda del general Perón desciende del Audi que la esperará, durante más de una hora y media, en un estacionamiento sobre el Paseo de la Castellana.
“La señora no hace declaraciones”, nos había advertido Gloria días antes a través del portero eléctrico con visor de la casona sobre la calle Valle de Ulzama 16, en el municipio de Villanueva de la Cañada, a un paso de la Universidad Camilo José Cela, cuya primera piedra la puso el mismísimo Premio Nobel de Literatura español.
La señora no hace declaraciones. Pero cuando reconoce el acento rioplatense, sonríe.
-¿Qué les diría a los argentinos a 50 años del golpe militar del ’76?
-Que los recuerdo con mucho cariño.
Su vida anterior en Madrid
María Estela Martínez nació en La Rioja, conoció a Juan Domingo Perón en Panamá y se convirtió en su tercera esposa en España.
Su cartografía madrileña incluye una temporada de recién casada, en los ‘60, en un departamento de El Viso, el barrio con más concentración de arquitectura racionalista de los años ’30. Y de mayor renta per cápita en esa zona de la ciudad.
Allí, en el semipiso en la calle Doctor José Arce 11, compartió el exilio con Perón y discutió con la vecina del tercero: Ava Gardner, una estrella de Hollywood demasiado estridente para la vida cotidiana de horarios de cuartel que llevaba el general y contagiaba a su esposa.
En 1964 la pareja se mudó a la Quinta 17 de Octubre, en la zona residencial de Puerta de Hierro, a unos 20 kilómetros al norte del centro de Madrid. Allí se cocinó, a fuego lento, el regreso de Perón a la Argentina y a un gobierno en el que “Isabelita” fue aprendiz de vice.
La quinta, que hasta fue anfitriona de la única huésped que permaneció, durante toda su estadía, en un ataúd -Eva Duarte-, había costado 750 mil pesetas. Fue parte de la herencia que reclamó la familia de Evita y que la última esposa de Perón entregó.
Sin embargo, la mudanza definitiva a España de la María Estela ex presidenta se produjo en 1981, cuando recuperó la libertad de la que la habían privado los militares que la derrocaron.
La viuda de Perón ya vivía en Villafranca del Castillo cuando una noche de enero de 2007 agentes de Interpol se la llevaron detenida por un par de horas. La Justicia argentina reclamaba su extradición por su posible responsabilidad en secuestros y desapariciones gestadas por la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A). Pero la Audiencia Nacional de España se negó a entregarla. La ex presidenta cuenta, además, con ciudadanía española.
Cómo es el barrio donde vive ahora Isabel
María Estela Martínez de Perón vive en un falso barrio cerrado donde el metro cuadrado cotiza unos 1.400 euros. La urbanización, poblada por vecinos que se mueven en autos con patente diplomática, tiene dos portones automáticos que los del lugar manejan a control remoto. Sólo algunas visitas de ocasión descubren que, además, hay un pulsante que activa el mecanismo para entrar y salir en auto.
Según los registros catastrales, su chalet, siamés del vecino, fue construido en los ’90 sobre un terreno de unos 525 metros cuadrados. La casa, de cinco habitaciones y cuatro baños, ocupa más de la mitad de la parcela donde las persianas viven caídas de brazos.
No existe ni un mínimo rastro que pudiera dar a entender que el número 16 de la calle Valle de Ulzama está habitado. No hay ni siquiera tachos verdes y amarillos, como en los chalet de los alrededores, para separar la basura. “La señora” no genera desechos.
“Antes se la veía por aquí, en alguna de las terrazas (mesitas al aire libre)”, dice Francisco González, dueño de la inmobiliaria del centro comercial El Castillo, un racimo de bares, restaurantes, pandería, peluquería y comida para llevar.
“Hace tiempo que ya no”, agrega.
La ex presidenta se fue quedando sin vida social. Colaboraba en colectas de fondos para obras benéficas junto a la infanta Pilar de Borbón, hermana del rey emérito Juan Carlos. Se frecuentaba con Leandro de Borbón, hijo ilegítimo de Alfonso XIII, y era amiga de Pilar Fraco, hermana del generalísimo. Ella es la única aún con vida.
“Han venido muchos a verla pero ella no recibe”, dirá Gloria, su asistente. Como tampoco aceptaba las flores que la militancia peronista le dejaba en los ’80 en su departamento de la calle Moreto 3, a una cuadra del Museo del Prado, cuando volvió a buscar refugio en España.
Quien sí tiene pase libre para entrar a visitarla es el padre Enrique Lázaro, el párroco de la iglesia del barrio, la Santa María Soledad Torres Acosta.
Criticado por algunos vecinos por no restringir el acceso de los gatos callejeros a misa, Lázaro suele acercarle la comunión.
El cura es un conversador ameno que se adjudica conocer, como si fueran trofeos, los secretos mejor guardados de la ex presidenta: la frecuenta desde hace décadas cuando, a pedido de Perón, el cura activaba sus contactos para hacerle llegar a la Quinta 17 de Octubre los cortes de carne argentina que el general extrañaba.
La última visita pública que “la señora” recibió en su casa fue hace casi un año y medio, cuando la vicepresidenta Victoria Villarruel subió a sus redes sociales unos retratos juntas.
“Con Isabel Martínez de Perón, primera presidente mujer del mundo y de la Argentina constitucionalmente elegida. Vicepresidente como yo y argentina bien nacida”, posteó Villarruel en el día de la lealtad peronista, el 17 de octubre, de 2024.
Un año antes y con el mismo decorado de sillón tapizado en símil gobelino y detrás de un biombo laqueado con motivos orientales, María Estela Martínez de Perón se había dejado fotografiar con un representante de la asociación cultural Preserva, que se había acercado hasta Villafranca del Castillo para entregarle el Premio Hispanidad 2023.
“Porque su legado y su ejemplo no han pasado inadvertidos en muchos de nosotros, su sacrificada entrega, su ejemplaridad sin tacha, su férreo e inapelable sostén de la palabra y de los principios, siempre trabajando por el bien común no sólo de los argentinos, también de todos los hispanos, a la señora María Estela Martínez de Perón”, justificaron la distinción.
Hoy, a la salida de la peluquería, ante la pregunta acerca de qué les diría a los argentinos a medio siglo del golpe que la derrocó, la ex presidenta se permite confesar: “Me alegro mucho que extrañen los viejos tiempos”.








