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Necochea
21 septiembre, 2021
ARGENTINA & EL MUNDO LOCALES

Entre la emergencia económica y la pandemia, Rojas transitó el primer año de intendente

Por Jorge Gómez

¿Qué se habría escrito de Edward John Smith, el capitán y comodoro británico, oficial del RSM Titanic, si hace más de 108 años atrás -madrugada del abril de 1912- hubiese salvado con sus dotes de conocedor de las aguas del mar, a aquel navío y su tripulación -murieron 1.500 vidas- que, como se sabe, se hundieron y perecieron en las gélidas aguas del Océano Atlántico Norte?
La respuesta es obvia: se hubiesen redactado historias de que se estuvo ante un héroe, de un salvador, con la existencia de estatuas y de incontables remembranzas que darían cuenta de su proeza en favor de esos que pasaron a mejor vida. Y claro que no fue así, y que nunca lo será.
Lo que aconteció fue, es y será tema para graficar los finales de una brevísima historia de la vida naviera de la humanidad que, trasladada ya a cuestiones y términos políticos, ha servido demasiadas veces para graficar los tristes desenlaces y conclusiones de los proyectos de gestión y de administraciones comunales que tuvo Necochea en las últimas décadas.
Este miércoles 9 de diciembre de 2020 -año de pandemia-, en horas de la tarde, se estará cumpliendo el primer año de los cuatro que conformarán el mandato constitucional y democrático del doctor Arturo Rojas como intendente municipal.
A diferencia de Smith, al jefe comunal lo subieron a ese -políticamente hablando- imaginario Titanic (léase Municipalidad), cuando la comuna estaba yéndose irremediablemente a pique, al fondo del mar.
La aguda recomposición del municipio necochense como institución de servicios públicos y referente indiscutible del latir de esta comunidad, organización oficial que además requiere de varios -por no decir muchísimos- tramos de atención, remedios y de reparaciones de toda índole, se la ha podido testear con frutos que habilitarían a registrar como cierta esa siembra de optimismo y de pizca de esperanza que toda sociedad urge tener a mano.
Hace un año atrás el volante comunal estaba sin que nadie lo condujera, con un ficticio auto en inclinada bajada, con las gomas desinfladas, con el parabrisas tapado de excremento, sin frenos, sin luces y apuntando hacia un precipicio.
Negar la magrísima cualidad de la pasada gestión es como querer tapar el sol con las manos.
Claro que lo público nunca desaparece. Y es lo que sucedió.
No es que se esfumó lo sucedido bajo la tutela oficial que tuvo la comuna hasta los primeros días de diciembre de 2019.
Eso fue lo que aconteció con la bien lejana administración pasada, cuya etapa de despedida ha sido de lo peor que se ha visto en estos últimos casi 37 años de vida democrática.
Lo que se pasó de cocción fue la confianza de la gente con los gestores del Ejecutivo local, afianzando -como secuela- la feroz crítica en contra de los ocasionales gobernantes y alentando, con datos objetivos, a quienes sindican que el sistema democrático -votar las representaciones para el manejo de la hacienda y de la cosa pública- no sirve, no da respuestas, atrasa, y que es aprovechado por algunos en detrimento de la gran mayoría.
Arturo Rojas -así lo señaló en campaña- expresaba en sus actos previos a la elección pasada que “hace años me vengo preparando para ser intendente”. Y hoy lo es.
La montaña de votos que lo ungió al frente del Departamento Ejecutivo -es el jefe comunal con más sufragios de 1983 a la fecha- ha puesto a prueba de fuego esa reconstrucción, la que lo exige sin descanso, la que le demanda pedidos para el cual no alcanzan los “deliverys” -ironía al fin-, ni las palabras. Hechos -se grita de todos lados-, más hechos, y conductas apropiadas, y más hechos. Simple de razonar.
El abogado de 43 años pasó de ese no muy lejano tiempo que ocupó en las templadas oficinas de la Presidencia del Consorcio de Gestión del Puerto de Quequén a habitar las de del primer piso del Palacio Municipal.
Cuando quiso abrir la canilla del baño lindante a su actual despacho ni agua salía de la canilla. Posta. Del paraíso al infierno.
Emergencia, ajuste de tasas, construcción “exprés” del vigente presupuesto, concretar una suerte de llamado a un presunto concurso de acreedores, pedir ayuda, recibirla con los brazos abiertos y mirando a los ojos de los donantes, y solicitando el apoyo a los trabajadores municipales quienes ladraban, y con supina razón, por la increíble secuencia de pagos que tuvieron que soportar de parte de los que, en agosto de 2019, tras las primarias, empezaron a hacer las valijas, además de idear un plan de salida que alguna vez debería conocerse al detalle.
Un solo expediente está en observancia de la Justicia ordinaria de la gestión pasada.
Y deberían ser públicos muchos más e informados a la opinión pública, para sopesar quiénes y de qué forma se mal administraron (en una etapa oscura, y no toda, por cierto) los bienes y el dinero público necochense.
La derrota del ex oficialismo en las legislativas de 2017 fue la bisagra que nunca entendió ese malogrado plan político de que la puerta de partida estaba para salir.
La habían abierto los mismos sufragantes que le estaban deseando buena suerte en la vida.
Subido a aquella “montaña rusa” -otro ejemplo para entender desde dónde se arrancó-, el actual intendente de Necochea delegó parte de sus responsabilidades ejecutivas en auxiliares de experiencia -cítense, por ejemplo, a Ricardo Carrera, Graciela Mamelucco, Sandra Antenucci, Adrián Furno, Juan Gamba, Marcela García y Ernesto Povilaitis-, y en otros con “hambre” de querer ser diferentes, además de ascender al colectivo de “no ser iguales” a sus antecesores -nómbrense a Jorge Martínez, y Ruth Kalle, entre otros-, como así en esa camada de nuevas figuras que expresan lo distinto -Augusto Fulton, Matías Sierra, Walter Calabretta, y Maximiliano Caloni, por citar algunos del grupo gobernante-.
El arqueo de estas actuaciones resulta de bueno a muy bueno, con un Rojas que los mantiene a raya en sus cara a cara habituales, o vía llamadas a sus celulares o en la catarata de WhatsApp que lo obliga a vaciar su chat varias veces al año.
“Siendo intendente es como que te despertás todos los días y lo primero que estás obligado a hacer es tener que cambiarle al nene los pañales con caca”. Tamaña frase le pertenece a un jefe comunal pasado y rige para definir y risueñamente dar cuenta del rol sin descanso, siempre con problemas, que tienen las figuras que se hacen cargo del Ejecutivo local.
¿Hay satisfacciones? Claro que sí, pero son las que cotizan cuando aparece el tiempo de contar los votos. Hay muchas cuando se suman los sufragios. Son las reglas de la política
A toda esa cadena de fardos desordenados y por trabajar, se le acopló a la gestión que lleva un año, y a los tres meses y pico de asumir, el surgimiento de la pandemia -se le dice así porque es mundial- por el Covid-19.
La organización y la conclusión sobre el proceder municipal frente a este extraordinario, único e impensado escenario -hecho que persistirá durante buena parte de 2021- se la califica con los resultados de la baja mortalidad y de reducidos números de contagiados, dada la población que registra el distrito de Necochea.
Preocupados estamos todos por la reapertura de las rutas y el advenimiento de la temporada estival. Será otra prueba no tan sólo para los funcionarios de turno, con el doctor Rojas a la cabeza, sino para la población local y viendo cómo se comporta la foránea.

EL PODER ESTÁ EN EL PALACIO MUNICIPAL

Transcurrido este primer ejercicio del intendente de Necochea se puede sostener asimismo que el poder municipal -otorgado por ese casi 60% de los votos de octubre de 2019- está en el principal despacho del edificio de la calle 56. No en otro lugar.
La lectura política nos lleva a una época no muy lejana cuando tal poder se hallaba por un lado en manos del jefe comunal de turno y también otra porción en las oficinas del fallecido Gerónimo Venegas.
Tomando distancia del aprecio personal que este columnista le tuvo y le tendrá hasta el último de los días, la sombra de Momo siempre era de tapar parcialmente la capacidad de maniobra de los intendentes que se fueron dando desde finales de 2003 hasta su desaparición física.
Alejada su figura del escenario político y presentado Arturo Rojas como aspirante a la Intendencia en 2019, con el antecedente de su excelente gestión como presidente del ente administrador de Puerto Quequén, y con el conocimiento municipal dado su paso como concejal especializado en la economía y en las finanzas públicas, se ha podido consolidar un emblema evidente, y con luz propia, de que la política necochense está normalizada, con un claro oficialismo que no requiere de preguntar o de estar atento a la opinión de un tercero gravitante y con poder, y asimismo con un presente mensaje para los aspirantes a vestirse como opción opositora, muchos de los cuales todavía no han tomado nota que ya no alcanzaría con frases como que “son todos unos ladrones” -sin pruebas-, o “él que manda está en otra parte” -con alto porcentaje de certeza-. Son gritos en el desierto.
Estos últimos deberían reconfigurar y volver a estudiar su existente y futuro rol de alternativa no sólo declamativa sino sustantiva, en una o más variantes sujetas a proyectos e ideas que además de atraer la atención del electorado terminen de “correr” en términos políticos a Nueva Necochea, y a su abanderado -el jefe comunal-, hacia la novedad de que se pueden ejecutar planes comunes y consensuados en beneficio del bien común. ¿Si no, para qué están y cuál es la función de unos y otros?
De una u otra manera -con este análisis o de otros caminos que de seguro se irán dando- la actuación de la política local, tanto de los que están de un lado del mostrador como del otro, la termina ordenando la gente al momento de votar.
¿Hay nombres propios o proyectos en evolución que están plantados y con aspiración a competir con este nuevo oficialismo? La ausencia de respuestas claras y precisas nos lleva a silencios sustentados en la información conocida hasta ahora.
Y será en octubre de 2021 -renovación legislativa local, o sea concejales y consejeros escolares mediante- cuando se plebiscite la administración municipal de Arturo Rojas. De ese examen no se salva ni se puede escapar nadie que se precie de democrático.
Ahí está la actuación y el rol del otro Departamento comunal, o sea el Concejo Deliberante, la arena política institucional por excelencia, ámbito que -con una que otra excepción y como corresponde- le ha otorgado a la gestión, que lleva un cuarto de mandato cumplido, casi todos los instrumentos -exprésense ordenanzas- que requirió el Departamento Ejecutivo de turno.
En esa pecera se movió por años el doctor Arturo Rojas, siendo concejal, y conoce como pocos el arte del legislador local.
Y es ahí, en la acción política, en la que el jefe comunal tiene la virtud de ser una “bestia” -con las disculpas del caso-.
Es él quien coteja cada paso en la materia, viendo qué está sumando y qué está restando, para sostener y eventualmente sumar más poder. De allí tal adjetivo.
“Quiero, deseo el bronce. No es otra cosa”. Esta frase le pertenece al intendente de Necochea, lo que hace presumir que algo diferente quiere llevarse cuando se conozca el día y la hora en la que deberá retirar sus enseres de la oficina municipal que hoy ocupa.
¿Necesitó más y mejores albañiles para que la gimnasia política fuese posiblemente mejor a lo parangonado en este ciertamente breve lapso de administrador comunal necochense?
La respuesta es una sola: sí.
No alcanzaría con la sola justificación de la pandemia -principal y excluyente problemática que cruza el planeta Tierra-, porque tales lugartenientes, o deberían ser más o deberán ser otros o los que están cumpliendo estas labores no llegan a sostener la cuota de positivismo que demandan los temas y la extraordinaria época.
El transporte de expedientes desde el segundo piso -sede central del poder- a la planta baja del municipio, donde en su interior se asienta el HCD, y el camino en viceversa al momento de las devoluciones, encontró a figuras a nombrar por aquí, quienes apuntalaron en estos complicados meses de 2020 las ideas y venidas de la novedosa administración.
Este paso requiere, mirando lo más lejos el asunto de la relación política, mejorar la calidad de las respuestas que piden -muchas veces con razones- los siempre curiosos y atentos concejales opositores.
Vale nombrar en estas acciones a los ediles oficialistas Hernán Trigo Gutiérrez -presidente de ese Departamento-, y a Guillermo Sánchez, como así a quienes Arturo Rojas convocó a dejar buena parte de sus labores privadas para convertirse en espadas de valía: Bartolomé Zubillaga y Marcelo Schwarz son en la actualidad laderos de relevancia para este primer recuento del gobierno que lleva casi un año.
Estos últimos son fieles ejemplos del perfil, de los rasgos que pretende consolidar y de seguro aumentar el intendente en su rol de administrador comunal de Necochea, con presencias novedosas en el tratamiento, abordaje y resolución de las cosas públicas.

LA EMERGENCIA SIGUE ESTANDO

La emergencia municipal sigue estando arriba de la mesa como singular plato.
Seguir los números de las finanzas comunales necochense resultan igualmente preocupantes comparados con los hace un año atrás.
Y basta una muestra para sostener la referencia: quedó para cancelar para los primeros meses de 2021 una deuda con los trabajadores por servicios varios que superan los 20 millones de pesos, compromisos que datan de hace más de un año.
Increíble que algunos aún hablen, opinen y se expresen en nombre de quienes llevaron al municipio y a Necochea a un evidente desastre, el que -vale decirlo- fue pagado al contado con la derrota electoral de 2019.
Arturo Rojas ha invertido horas, cientos de ellas, dando cuenta a las autoridades de la política y de la economía de la Provincia en atención a la calidad de la grotesca, indefensible e inadmisible herencia de la que se hizo cargo, la que fue aumentando y sorprendiendo, además, junto a otra hilera de deudas que se apiló en el devenir de este mismo año, para pasmo del área de Hacienda.
El intendente -otro apunte- caminó días atrás la Casa Rosada para peticionar por recursos extraordinarios.
Ya no sólo lo hace ante el Estado bonaerense sino ante el mostrador nacional, en aras de atender esas acreencias que, licuadas por la actual inflación galopante y la que viene, siguen estando a la vista, con los cobradores en la puerta.
Arturo Rojas no se puede dar el gusto, como algunos se lo piden, de quedarse parado en un espacio político reducido.
Utiliza el “manos libres” para maniobrar en favor de sus actos y gestiones que lleva cabo. Es la opción a la que echó mano para encontrarle la vuelta y la solución a la larga columna de problemas y de requerimientos que datan del espacioso túnel del tiempo de la historia democrática necochense.
De allí que camina, en términos partidarios y sostenido por las realidades que nacieron el día que superó aquel impresionante número de votos de octubre de 2019, rumbo a un proceso de construcción política que, mirando la presente administración municipal, semeja ser novedosa y venturosa tanto para el porvenir tanto local como posiblemente con cierta dosis de apetencia provincial.
Hoy es un intendente independiente, con muchos votos y apoyo -así lo dice una encuesta hiper reservada que pocos conocen- y con contactos de importancia.
Ha convocado a funcionarios que expresan tener pensamientos políticos diversos y atiende a todos los que se le acercan con inquietudes justificadas en el sentido común.
Lo que debería ser normal por momentos encuentra una que otra reprobación, circunstancia que fenece cuando se conocen de quiénes proviene.
Anida en Arturo Rojas, como en otros pares de la Provincia, la idea de darle una vuelta de campana a la organización institucional de las comunas, para lo cual se requiere del abordaje legislativo de la norma madre: la Ley Orgánica de las Municipalidades, texto que tiene tantos agregados y tantas intenciones de cambios que ya pocos le prestan atención.
Es el “evangelio” de los intendentes bonaerenses, tanto para los opulentos en población como para aquellos periféricos del muchas veces olvidado interior.
La Provincia tiene ciudadanos -votantes al fin-, de primera, de segunda, de tercera y de cuarta categoría. Demasiados ejemplos y explicaciones existen para sostener esta consideración.
Los principios de los electos por la gente para conducir las comunas se resumen, por ejemplo y en apretada síntesis, en ser transparentes, honestos, aptos, conocedores de las normas, fieles ejecutores de los actos que están claramente escritos sobre cómo llevarlos adelante, austeros, y de alta y probadamente tendencias de querer buscar, sin denuedo, el bien común de sus ciudadanos, o sea los contribuyentes. Se podrían anudar otras cualidades, pero por ahí pasarían las claves de lo que piden y reclaman los votantes. No es muy complicado el asunto.
Con niveles de pobreza que explicarían cualquier revolución -algo que con sólo caminar y moverse por la periferia de algunos barrios locales está a la vista de todos-, andar hurgando en comarcas como la nuestra si está o no bien explicar la ideología del caño que lleva agua o cloaca a sectores que carecen de estos servicios, es caer en las extravagancias que alejan a los que tienen tiempo y plata para gastar en los cafés, distantes de las necesidades de la gente, incluso de la que tiene agua corriente en su canilla y la cloaca operativa.
Ahí está ese puñado de “francotiradores” que merodea alrededor de la actividad política vernácula, planificando de qué manera entrarle al siempre circunstancial error o a ese expediente al que le falta una coma.
“Ese clima” de pretender instalar el advenimiento de la oscuridad en el tratamiento de lo público, circunstancia que de tanto se conforma, basada en hechos reales -la historia democrática necochense tiene para ofrecer sucesos al respecto-, en la búsqueda de avanzar en esas corridas institucionales a los que tantos les gusta y practican algunos en el terruño, no existe ni tiene margen de acción en este fin de 2020.
Vale remarcar y subrayar lo siguiente: el intendente surgió de las filas de la juventud peronista, con líneas que lo llevan incluso a conocer a fondo el paño del mundo sindical. Piensa como peronista, pero actúa y ejecuta sus acciones de gobierno sin las ataduras partidarias que lo distanciarían del atento y bien severo electorado que ya sabe de dónde proviene el jefe comunal.
Es el mismo que traduce sabiamente -soberano al fin- que de esta y de otras extraordinarias situaciones de crisis se sale agarrándose unos y otros de las manos.

¿SE HA HECHO TODO BIEN?

¿Ha hecho todo bien la administración del doctor Rojas en este primer año de ejercicio como jefe municipal?
Son más los claros que los oscuros, con un equipo que se fue afiatando entre la emergencia, las carencias, las urgencias, y la crisis sanitaria.
Las correcciones -las debe tener en su conciencia el jefe comunal- son algo reservadas y para lo cual hay que correr detrás de ellas. Es la tarea del periodismo.
La “fabricación y por ende la producción” de políticas, con puentes abiertos con la oposición, tiene alguna que otra competencia inconclusa.
Podría ser consecuencia de aquella carencia certera y permanente de la existencia de alguien y de varios que no terminan de completar o de culminar tareas al respecto.
Se evitaría así que no sea el propio intendente el que tenga que dedicarse a cerrar entendimientos y posiciones que hacen, por citar, al vínculo con el HCD.
Esa “alfombra” concedería, además, avanzar en el entendimiento a favor y empujando otras medidas que el Ejecutivo concreta semana tras semana.
No menos cierto es sindicar que el jefe comunal, se reitera su pasado como edil, es de delegar hasta cierto límite.
Se guarda para sí -así parece- el cierre de aquello que lo califica de “política” pura, sin intermediarios. Es su estilo.
También las diversas caras que brinda la oposición -los que fueron el pasado oficialismo y los que vienen en inercia por ese mismo camino- deberían atenerse a la figura y a la acción de Arturo Rojas, alguien que, si no comete un grave o gravísimo yerro en su paso al frente del DE, podría tener rodaje institucional en Necochea por varios ejercicios, más aún si, como fraguan algunos que circundan a su alrededor, estaría previendo una evolución más allá del territorio. De ambiciones viven los hombres y mujeres de la política.
Como en la economía todo se mide en cuestión de números, en política la vara son los votos. La colecta de 2019 que cosechó el “proyecto Rojas” va camino al examen de octubre de 2021.
O sea que el “modo electoral”, en silencio, pero con evidentes signos de nunca haberse dormido, está puesto en las mentes de unos y otros, en atención -siempre- a los sucesos nacionales y provinciales que dan libreto a diario de que nadie tendría certeza alguna de lo que podría acontecer en las próximas semanas, por citar marzo venidero, al término del ciertamente inquietante verano argentino, el que seguirá atravesado por la pandemia.
Hubieron “taraborelismo”, “aloisismo”, “municoysismo”, “molinismo”, “tellecheísmo” y “facundismo”. Expresiones que sindicaron cada época del poder municipal que se fue dando en estas casi cuatro décadas de democracia en Necochea.
¿Habrá también un “rojismo”? Y sí, pero es algo que todavía no termina de divisarse pero que más tarde que temprano hará su aparición.
Habrá actores conocidos y otros que, de bajísimo perfil, vienen construyendo semana tras semanas utilizando el positivo halo que emana de la figura del jefe comunal.
Arturo Rojas maneja sus tiempos a la par del “hambre” de poder que todo político aspira a acumular, ahora en etapa de articulador exclusivo y excluyente de los intereses y los deseos de lo público y lo privado de Necochea.
El intendente lo sabe. Como lo agendaron, rápidamente, el presidente de la Usina de Necochea, Antonio Vilchez, y el recientemente presidente del Consorcio portuario, Jorge Álvaro.
La articulación de estos con el doctor Rojas es un triángulo virtuoso que está a prueba de objetivos que, rezando estamos todos, se esperan verlos, ejecutados e inaugurados de aquí en más. Se verá.
La poca o mucha aura que posee Arturo Rojas -siempre trasladada a votos- ha sido tomada en cuenta por el gobernador Axel Kicillof, como así por buena parte del gabinete provincial y por funcionarios con llegada al Gobierno nacional de Alberto Fernández.
Aportes extraordinarios, obras, apoyos en materia sanitaria, planes que están aún en el “freezer” pero que en algún momento – ¿electoral? – podrían concretarse, es el conjunto de objetivos logrados y a cumplirse en esa muestra de “cajita feliz” que la gestión comunal le ofrece y pretende brindarle al insaciable -con razones, muchas, por cierto- electorado del partido de Necochea.
Y hasta la inminente llegada de las barredoras que han sido adquiridas bajo el sistema leasing con el Banco Provincia y que en días más serán parte del mobiliario del parque vial comunal, son corcheas musicales de esa partitura que escribe cada mañana la administración municipal.
¿Cómo reparar esa confianza en estado terminal de desgracia que disoció a las representaciones comunales necochense con el descreído electorado que tiene fundados motivos para desconfiar de los fortuitos gobernantes de Necochea?
El interrogante comprende al que paga las tasas, no a otro, que es de cantar protestando en un lado pero que se olvida -oh, casualidad- pasar por el mostrador.
Tal respuesta y responsabilidad la tiene la conciencia -por un lado- y recae en los hombros -por el otro- de Rojas y su conjunto de auxiliares políticos en el DE y en el HCD, oficialismo que requiere repasar la intensidad que le impregnó la urgencia -vista desde todos los ángulos que se quiera-, y mover algunas piezas y modos que apunten siempre a confeccionar una agenda de metas.
Todo esto que se cita aquí está en la mente del jefe comunal. Con sólo mirarlo y cotejar sus desplazamientos, se entiende hacía dónde quiere moverse.
Este miércoles 9 de diciembre, casualmente con motivo del primer aniversario de la toma de posesión del cargo como intendente de Arturo Rojas, en horas del mediodía, en el salón de actos de la Municipalidad “Intendente Domingo José Taraborelli” -por favor, que alguien avise que ese sitio no se llama ni Salón Dorado ni Salón Blanco-, se llevaría a cabo la ceremonia de apertura de la que se presume será -si se presenta- la única oferta interesada en la convocatoria para reconfigurar el amplio y estratégico solar que comprende el denominado Complejo Nuevo Casino de Necochea.
La presencia de esta posible oferta, que de inmediato pasará a consideración del municipio, se exhibiría casi como una fortuita ofrenda ante este primer año de gobierno del abogado de origen peronista.
La resolución de este inmenso problema para el municipio definió clara y contundentemente quienes aún siguen viviendo en el siglo XX, por no decir XIX, y quienes caminan rumbo a la tercera década del siglo XXI.
Hay núcleos tan pero tan conservadores que nos llevan a imaginar que en vez de querer llamar a un remis estarían dispuestos a convocar a las desaparecidas galeras.
¿Cómo no hacer y ejecutar acciones y medidas diferentes, si la realidad que se tabicó en diciembre de 2019 nos señaló que, ejecutando acciones ya echadas a la basura y que intentaron tener vida demasiado tiempo, nos han llevado -por citar- al acto de entrega de mandato de hace casi un año atrás del que no tiene ni registro fotográfico?
Esta decisión -la venta de buena parte de esta parcela conocida como Casino, convocando al capital privado- podría ser la intensa luz del faro que Necochea encendería para iluminar el ansiado futuro del que tanto se nos hablado durante estas décadas, con desarrollo, prosperidad, trabajo, y calidad de vida sustentable. Y que al final de cuentas no pasó, en ese lapso, de ser una vela que alumbró no más de 20 centímetros a la redonda.

EL CAMBIO, TAREA DE TODOS

El próximo ingreso a la tercera década del siglo XXI compromete no sólo al intendente Arturo Rojas a darle otra acometida a las rémoras que todos y todas conocemos al detalle, casi cantando a coro. La vuelta de campana a la bien conocida y dura realidad es una tarea del conjunto.
Ahí están esperando resolverse cuestiones como la situación de la Terminal, el extendido de más servicios de agua, cloacas y de gas -del que se puede pagar, no los montos actuales, increíbles por cierto-, de lograr ejecutar pavimento -caro aún-, de cumplimentar la promesa -articulando con el mundo portuario- para reconstruir el ex Puente Ezcurra, de erigir el anunciado Parque Industrial en terrenos de la Playa Municipal de Camiones de Quequén, de estudiar de qué manera empezar a percibir recursos que sumen a la Hacienda municipal por el consumo de agua corriente a cobrarle a empresas, comercios y frentistas, de combinar un nuevo marco de relación de servicios y económico con la empresa encargada de la recolección de residuos, además de fijar pautas claras y rigurosamente cumplimentadas, para el tratamiento de tales desechos, y de esa procesión de tópicos que junto al voluntarismo político se acople a la aptitud y a la planificación precisa, sin dobleces, y de esa forma que el conjunto de la sociedad sepa hacia dónde va el derrotero de la vida comunitaria necochense.
¿Hemos dejado de soñar, lo ha hecho Rojas y su generación?
¿Por qué no recuperar el tren de carga y de pasajeros?
¿Por qué no pensar en que podría ser realidad la carga y descarga de contenedores en la zona portuaria, agregándole valor a nuestras valiosas y nutritivas materias primas?
¿A qué se debe que no pujemos para que, por ejemplo, en el Barrio 9 de Julio se cuente a la brevedad -faltan sólo las designaciones de personal- con el CEF de Necochea?
¿A quién hay que a tocarle timbre hasta el cansancio para obtener recursos y luego destinarlos a construir nuevas escuelas de niveles nivel, primario y secundario?
¿Y por qué no ir tras el ideal del proyecto de contar con la Universidad Pública y Popular de Necochea, o de Quequén, o de La Dulce, o de Juan N. Fernández, o de Ramón Santamarina?
Con tiempo para meditar pacientemente qué pasó y qué está sucediendo localmente está para mirar al detalle que la transformación política -el pase de una administración a otra bien diferente- tiene a una responsable democrática con nombre propio: la sociedad necochense.
Arturo Rojas teje y teje para llevarla a la prueba de fuego electoral de octubre de 2021, no sin antes tratar y posiblemente lograr que ese voluminoso crédito de hace más de un año tenga razón y fundamento de ser.
Porque la que cambia, la que sube o baja el dedo, es la sociedad. Y porque Rojas sería la resultante de este tiempo de jóvenes dirigentes, formados y capacitados, dispuestos a escribir una historia diferente. La ilusión de que se vivirá mejor es el eterno capricho que anida en los corazones y en el alma de quienes vivimos por aquí.
Yendo y viniendo con fiscales e impositivas, y los corrientes presupuestos que caracterizan cada fin de ejercicio, el municipio de Necochea sigue posiblemente encerrado en la atención de tres núcleos de atención por donde se cuelan muy buena parte de los recursos: los sueldos de los trabajadores, el sostén del servicio de salud pública -la pandemia demandó más de lo habitual- y la recolección de los residuos sólidos urbanos.
De hace un buen tiempo hasta esta parte con sólo cotejar los egresos se concluye que casi poco y nada quedaría para responder otras demandas con dinero público.
Y es aquí que la creatividad y la activa imaginación de algunos funcionarios y componentes de tales dependencias, son los que mantienen cómo pueden el accionar de tales áreas.
Esto explicaría la reclamación permanente y cotidiana del intendente por lograr recursos extraordinarios ante los estrados provinciales y nacionales.
¿Cómo atraer -tarde o temprano llegarán en manada, dicen los hombres y mujeres de negocios locales y foráneos consultados al efecto- al capital privado interesado en asentarse en el distrito de Necochea, indispensable para crear trabajo “no público”, además de generar una concordancia con otros que, actuando en cadena, concluirán en la solidificación de la nueva burguesía distrital?
Arturo Rojas elevará al rango de Secretaría el área de Producción que junto a otras cámaras empresarias, económicas y comerciales del ámbito privado tienen aquel desafío de hacer realidad otro sueño inconcluso: hacer fluir e incrementar el ritmo de negocios en Necochea.

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