Mientras Necochea se abriga, los guardavidas locales enfrentan el verano europeo

Con temperaturas casi bajo cero en Necochea y Quequén y una ola polar instalada sobre buena parte de la región, una escena completamente opuesta se vive a más de diez mil kilómetros. Desde Madrid, el guardavida necochense Pablo Suárez contó cómo atraviesa el verano español junto a decenas de trabajadores locales que cada año cruzan el océano para seguir haciendo temporada

Acá amaneció con frío de verdad. Bufandas, estufas, camperas gruesas y esos días donde el cuerpo tarda en arrancar. En sectores del interior del distrito se registraron temperaturas bajo cero y hasta sobre la franja costera el invierno empezó a mostrar su cara más intensa.

Y mientras en Necochea y Quequén el mar se mira desde lejos y la playa parece esperar paciente el regreso del verano, del otro lado del océano hay necochenses que viven exactamente el escenario contrario.

Uno de ellos es Pablo Suárez. Guardavidas, actual titular de la Asociación de Guardavidas de Necochea y Quequén -transitando además el cierre de una etapa al frente de la entidad-, habló este lunes 29 de3 junio con Voces de la Tarde programa que conduce Jorge Gómez por Radio Noticias Necochea 97.3 FM, desde Madrid, donde trabaja durante la temporada alta europea.

La diferencia térmica impresiona. Mientras aquí el invierno obliga a multiplicar abrigo, en España el calor empezó a hacerse sentir con fuerza y aparecen jornadas que rozan o superan los 40 grados.

“Esta semana aflojó un poco, pero ya vuelven temperaturas muy altas”, contó. La escena también tiene algo de costumbre. Desde hace años una parte importante del cuerpo de guardavidas de Necochea y Quequén aprovecha el calendario invertido entre hemisferios y, terminado el verano argentino, viaja a Europa para continuar trabajando.

Según comentó Suárez, solamente en Madrid habría alrededor de 150 necochenses desempeñándose en distintas tareas vinculadas al cuidado y supervisión acuática.

A ese número hay que sumar quienes trabajan en otros puntos de España. Algunos están sobre la costa mediterránea, otros en Cataluña, otros en destinos turísticos tradicionales donde el movimiento aumenta durante julio y agosto.

En el caso de Madrid, lejos del mar, el trabajo se concentra principalmente en urbanizaciones, complejos residenciales, clubes y edificios con piscinas. Jornadas extensas. Entre nueve y diez horas diarias. Y una exigencia que, según reconoció, muchas veces se subestima. Porque el calor sostenido también desgasta.

Hay horarios donde la calle prácticamente se vacía y la actividad se reduce al mínimo para evitar la exposición.

España, explicó, está más preparada que otros países europeos para enfrentar temperaturas extremas, aunque igualmente la intensidad de estas semanas obliga a tomar recaudos.

La conversación dejó además una imagen interesante: mientras aquí el invierno parece congelar ciertos ritmos de ciudad, hay una pequeña comunidad necochense viviendo su propio enero.

Trabajando. Organizando días alrededor del calor. Cumpliendo horarios de verano.

Y estirando una profesión que, por calendario, les permite tener dos temporadas en un mismo año. El plan, como casi siempre, es regresar hacia septiembre.

Volver cuando el verano europeo empiece a despedirse y Necochea comience lentamente a pensar otra vez en la próxima temporada.

Por ahora, el contraste sigue siendo perfecto. Acá se busca el sol. Allá se busca la sombra.

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