Juan Bautista Iriberri, integrante de Juan Leoncio Iriberri Sociedad en Comandita por Acciones, repasó seis décadas de una empresa nacida en 1966 y estrechamente vinculada con el desarrollo agropecuario de la región. Destacó el crecimiento de la cebada, la importancia estratégica de Puerto Quequén y las inversiones que considera necesarias para acompañar la producción
Sesenta años no son solamente una cifra para una empresa. Son seis décadas atravesadas por cambios económicos, tecnológicos y productivos, pero también por una relación sostenida con una comunidad y con una actividad que constituye uno de los principales motores de la región. En ese contexto, Juan Bautista Iriberri, integrante de la firma Juan Leoncio Iriberri Sociedad en Comandita por Acciones, repasó en Voces de la Tarde, programa que conduce Jorge Gómez por Radio Noticias Necochea 97.3, la historia de una empresa que nació en 1966 y que hoy tiene en la comercialización de granos y particularmente en la cebada cervecera uno de sus principales perfiles.
“Mi papá tenía 20 y pico de años y trabajaba con su papá en el campo, de tractorista”, recordó Iriberri al reconstruir los comienzos de la empresa. Un viaje a Europa y Estados Unidos modificó aquella perspectiva. En una época en la que viajar en avión todavía era una experiencia novedosa, su padre conoció otros mercados y regresó con la convicción de que había un mundo vinculado a los alimentos y a los cereales que podía ser desarrollado.
A partir de allí comenzó una actividad que, seis décadas después, continúa vinculada con el productor agropecuario y con Puerto Quequén. La firma posee una planta de silos en la ciudad de Necochea y se especializó particularmente en la cebada cervecera.
“Estamos realmente enamorados de Puerto Quequén y de toda nuestra zona de influencia”, sostuvo Juan Bautista Iriberri, quien reivindicó además una manera de trabajar basada en relaciones de largo plazo. Para el empresario, la confianza y el cumplimiento de la palabra son características que explican la permanencia tanto de las empresas como de los productores que lograron desarrollarse a lo largo del tiempo.
Uno de los puntos centrales de la entrevista fue la transformación que experimentó la cebada. Iriberri explicó que hace poco más de dos décadas el cultivo no tenía el protagonismo exportador que alcanzó posteriormente. Las restricciones que existieron sobre la comercialización externa del trigo llevaron a muchos productores a buscar alternativas y la cebada comenzó a ocupar un espacio cada vez mayor.
Hoy, afirmó, la cebada exportada desde Puerto Quequén supera en volumen al trigo, tanto en sus destinos cerveceros como forrajeros. Brasil aparece como uno de los principales mercados y la producción de la región adquirió reconocimiento internacional.
“Uno no se da cuenta de la importancia que tenemos a nivel mundial, que es mucha”, señaló Juan Bautista Iriberri después de recordar su participación en un congreso de cebada en Australia. Allí pudo comprobar el interés que despiertan las variedades argentinas y los mercados en los que participa la producción de la región.
En esa mirada también aparece una ventaja que considera excepcional: la diversidad productiva. Trigo, cebada, maíz, girasol y soja de segunda encuentran en el área de influencia de Puerto Quequén condiciones favorables. “Tenemos unos potenciales de rendimiento altísimos”, sostuvo.
Pero esa ventaja, advirtió, necesita infraestructura que acompañe. Entre las cuestiones pendientes mencionó la energía eléctrica, la capacidad de almacenamiento y las inversiones vinculadas con Puerto Quequén. Consideró que el puerto debería duplicar su capacidad de almacenaje, fundamentalmente porque la producción creció a un ritmo mayor que la infraestructura disponible.
También se refirió a la posibilidad de una futura maltería. En ese punto vinculó cualquier nuevo emprendimiento con la disponibilidad energética y con la evolución del consumo mundial de cerveza, que actualmente se encuentra más estancado.
Respecto del puerto, Juan Bautista Iriberri planteó expectativas ante la nueva conducción y reclamó una visión de largo plazo. “Queremos que Puerto Quequén crezca, que Puerto Quequén se renueve”, afirmó, al tiempo que señaló que existen obras y decisiones pendientes que requieren respaldo político e institucional.
El ferrocarril fue otro de los temas. Se mostró partidario de su desarrollo, aunque advirtió que las distancias y la ubicación geográfica de la región deben ser consideradas al analizar su verdadera utilidad. Puerto Quequén, dijo, tiene una ventaja concreta: “Tenemos la producción en frente al puerto”.
En ese sentido, comparó la situación local con la de regiones productoras de otros países y concluyó: “Evidentemente estamos en un lugar muy privilegiado”, dijo.
La empresa que nació hace 60 años cuenta actualmente con más de veinte trabajadores directos, además de una amplia red de proveedores, transportistas y servicios vinculados a la actividad.
Y mientras Iriberri celebra seis décadas de trayectoria, el campo regional comienza otra campaña con abundantes lluvias y nuevos desafíos. “Siempre es preferible el exceso que la falta de agua”, señaló con cautela, evitando anticipar resultados cuando todavía falta mucho para conocer cómo terminará la cosecha.
Sesenta años después de aquel viaje que cambió la mirada de su padre, la empresa continúa ligada a la misma idea que impulsó sus comienzos: producir, comercializar y mirar hacia un mundo que, para Necochea y Puerto Quequén, todavía ofrece mucho territorio por conquistar.



