Juan Erreguerena confirmó que la emergencia agropecuaria ya está en trámite. Persisten amplias zonas anegadas entre la Ruta 228 y la costa, mientras crece la preocupación por las consecuencias económicas para productores y por el futuro de las agencias del INTA en el interior bonaerense
La emergencia hídrica provocada por las intensas lluvias que afectaron al distrito de Necochea sigue mostrando consecuencias concretas sobre la producción agropecuaria. A pesar de que el agua comenzó a escurrir lentamente hacia el mar, todavía permanecen anegadas unas 25.700 hectáreas en distintos sectores del partido, principalmente entre la Ruta Nacional 228 y la costa.
El dato fue confirmado este viernes 29 de mayo por el ingeniero agrónomo Juan Erreguerena, responsable de la Agencia de Extensión Rural del INTA Necochea, durante una entrevista en el programa Voces de la Tarde, por Radio Noticias Necochea, que conduce Jorge Gómez.
Según explicó el profesional, el relevamiento fue realizado de manera conjunta entre el INTA y el área de Hidráulica de la Provincia de Buenos Aires, utilizando imágenes satelitales actualizadas prácticamente en tiempo real.
«Antes de la ciclogénesis teníamos unas dos mil hectáreas con presencia de agua en bajos naturales. Hoy estamos hablando de 25.700 hectáreas afectadas», señaló.
El fenómeno ocurrió sobre una región que ya arrastraba una importante acumulación hídrica producto de precipitaciones previas. Los casi 200 milímetros acumulados durante los últimos temporales climáticos terminaron por saturar completamente los suelos.
Erreguerena explicó que la situación sigue siendo delicada porque el agua continúa bajando lentamente y porque la época del año no favorece la recuperación de los campos.
«Estamos entrando en junio y julio, meses donde normalmente no hay una gran evaporación. El suelo ya está saturado y cualquier lluvia adicional se transforma directamente en exceso hídrico», advirtió.
Producción afectada
Las consecuencias económicas comienzan a sentirse en distintos sectores de la actividad agropecuaria. Por un lado, existen lotes de soja y maíz que aún no habían sido cosechados al momento de las inundaciones y que sufrieron daños importantes. En otros casos, los cultivos permanecen aislados por la imposibilidad de ingresar con maquinaria.
También resultaron especialmente afectadas las zonas ganaderas ubicadas en los sectores bajos del distrito. A ello se suma un problema logístico que afecta a numerosos productores, o sea la dificultad para sacar la producción almacenada.
«Hay productores que tienen mercadería guardada y no la pueden retirar de los establecimientos. Algunos incluso tenían compromisos comerciales asumidos y hoy no pueden cumplirlos por la imposibilidad de acceder a los campos», explicó.
La situación también genera preocupación respecto de la próxima campaña de trigo. Muchos lotes que estaban previstos para siembra durante junio podrían quedar fuera de la planificación productiva. «Hay superficies que probablemente iban a trigo y no van a poder sembrarse. Eso significa diferir ingresos que los productores esperaban para comienzos del año próximo», sostuvo.
El camino hacia la emergencia agropecuaria
Durante las últimas horas, representantes del municipio, entidades rurales y organismos técnicos avanzaron en la documentación necesaria para solicitar formalmente la declaración de emergencia agropecuaria.
En ese proceso, el INTA cumple un papel clave como organismo técnico encargado de certificar los daños observados sobre el territorio.
«Nuestro rol es aportar información objetiva y técnicamente respaldada para que la Provincia pueda evaluar la situación», indicó Erreguerena.
La declaración de emergencia permitiría acceder a herramientas específicas para los productores afectados, entre ellas líneas crediticias especiales del Banco Provincia, diferimientos impositivos y la posibilidad de que el Estado provincial reasigne recursos para obras de infraestructura hidráulica.
«Una vez declarada la emergencia se habilitan mecanismos financieros, tributarios y también posibilidades de inversión en obras que pueden ayudar a mitigar estas situaciones», explicó.
La preocupación por el futuro del INTA
La entrevista también permitió conocer la incertidumbre que atraviesa actualmente el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria en el marco de las políticas de reorganización impulsadas a nivel nacional.
Juan Erreguerena confirmó que la estructura territorial del organismo está siendo modificada y que varias agencias podrían dejar de existir bajo su formato actual.
En el caso del área de influencia de la Estación Experimental Balcarce, que actualmente cuenta con diez agencias de extensión, la nueva organización contempla únicamente tres sedes principales.
«Estamos trabajando para que el personal continúe en Necochea. Lo que intentamos es que se mantenga la presencia territorial porque es fundamental para el trabajo con productores, municipios e instituciones», señaló.
También reconoció que existe preocupación entre los trabajadores por los retiros voluntarios y la reducción de personal. «Hay partidos que directamente se van a quedar sin agentes. Y eso significa perder presencia técnica en el territorio», afirmó.
El ingeniero destacó que muchas de las actividades que desarrolla actualmente la agencia local se sostienen mediante convenios y trabajo conjunto con instituciones y productores, con costos operativos mínimos para el Estado.
Más allá del debate sobre la estructura administrativa, defendió el valor estratégico que tiene el organismo como articulador de conocimiento y asistencia técnica.
«Hoy el rol del INTA no es solamente asesorar a un productor. Es conectar capacidades, generar redes, acercar especialistas y aportar información confiable para la toma de decisiones», sostuvo.
Mientras el agua sigue buscando salida hacia el mar y los productores esperan definiciones sobre la emergencia, el relevamiento presentado por el INTA aporta una primera dimensión concreta del impacto que dejó uno de los episodios climáticos más significativos de los últimos años para la región.








