Desde febrero de 2025, el área de Concesiones viene llevando adelante nuevos llamados, adjudicaciones y controles sobre espacios municipales. Julián Corro repasó en Voces de la Tarde el estado de las principales concesiones y reconoció que todavía existen obligaciones que deben cumplirse
La política de concesiones de la Municipalidad de Necochea atraviesa una etapa de intensa actividad. Desde febrero de 2025, cuando el abogado Julián Corro asumió al frente de la Dirección de Concesiones, fueron impulsados siete llamados a licitación para unidades turísticas fiscales, además de otros procesos que involucran a la Terminal de Ómnibus, espacios gastronómicos y sectores vinculados al Parque Miguel Lillo.
Corro hizo este miércoles, en Voces de la Tarde, programa que conduce Jorge Gómez por Radio Noticias Necochea, un repaso de ese proceso y de las dificultades que aparecen cuando una concesión deja de ser solamente un expediente administrativo para transformarse en una obra que debe concretarse en plazos determinados.
Entre las concesiones licitadas durante 2025 mencionó los balnearios Terrazas, El Point, el ex ACA y ex Costa Dorada, y el denominado Kem Kem. También avanzó el llamado para la Terminal de Ómnibus y quedaron encaminadas las concesiones del área conocida como “de las parrillas de Pinolandia” y en un sector lindante a Las Grutas, que todavía deben completar instancias administrativas y políticas.
Precisamente, estos dos últimos casos tienen pendiente la participación del Concejo Deliberante. Además, se incorporó un estudio de impacto ambiental y se analiza una instancia de participación ciudadana, particularmente sensible por tratarse de sectores del Parque Miguel Lillo.
Los tiempos, admitió Julián Corro, son ajustados. Difícilmente algunas de las obras previstas puedan estar terminadas para este verano si los procesos de adjudicación y firma de contratos se extienden. La experiencia del Casino, cuya subasta finalmente se concretó en junio luego de una medida cautelar, aparece como antecedente para extremar recaudos legales y administrativos.
El otro aspecto que surge del seguimiento es el control sobre los adjudicatarios. El caso del balneario Kem Kem, ubicado en la playa de Quequén, es el más evidente. La empresa fue intimada por incumplimientos, venció el plazo correspondiente y recibió una multa económica notificada esta semana.
La concesión no cae automáticamente, pero existe un proceso sancionatorio que puede escalar hasta la caducidad si las obligaciones contractuales no son cumplidas. Además, existe un seguro de caución que garantiza parte de esas obligaciones.
Corro también aclaró que una eventual modificación de los integrantes de la sociedad adjudicataria no necesariamente implica una transferencia irregular: el propio pliego contempla determinadas posibilidades cuando se trata de una persona jurídica. Para el municipio, lo fundamental es que quien resulte responsable cumpla con las obras y servicios comprometidos.
En otros espacios, el panorama es diferente. En Terrazas ya comenzó una transformación importante, con demolición de sectores y renovación de los sanitarios. En el Point avanza dentro de los plazos previstos y la Terminal también inició trabajos, entre ellos la puesta en valor de los baños y tareas de pintura.
La explicación de Julián Corro dejó una conclusión concreta. La Municipalidad no solamente debe entregar concesiones, sino también controlar que las inversiones prometidas efectivamente aparezcan sobre el terreno. Y allí está una de las claves de esta política, o sea transformar inmuebles y espacios públicos que durante años permanecieron con distintos niveles de deterioro en unidades que vuelvan a prestar servicios y generen actividad.
También se refirió a la tenencia precaria otorgada por 15 años a la Asociación 4×4 Off-Road, en el sector de la antigua base de campamento de Pinolandia. La entidad comenzó una puesta en valor de un inmueble abandonado y proyecta recuperar la construcción y sumar servicios, mientras utiliza el lugar como sede para sus actividades y travesías.
La etapa actual, por lo tanto, parece tener dos caras. Por un lado, una Municipalidad que consiguió poner en marcha numerosas concesiones y atraer inversión privada. Por otro, la obligación de controlar que los contratos no queden solamente en buenas intenciones, planos y expedientes.
En definitiva, concesionar no es el final del proceso. Es apenas el comienzo. El verdadero resultado se mide cuando las obras aparecen, los servicios funcionan y el espacio público recupera utilidad para los vecinos.



