Jorge Martín Villamonte, titular de Martín Pastelería, describió el difícil escenario que atraviesa el comercio y advirtió sobre la fuerte retracción del consumo. Aseguró que las ventas de pan y productos de panadería se redujeron a la mitad respecto del año pasado y que los clientes compran cantidades cada vez menores. También señaló el fuerte impacto de los costos de electricidad, materias primas y servicios sobre la actividad cotidiana del negocio
“La gente se está midiendo mucho”. La frase de Jorge Martín Villamonte, titular de Martín Pastelería, resume buena parte de lo que observa diariamente detrás del mostrador de su comercio, ubicado en pleno centro de Necochea. Con 13 años de actividad en la ciudad, el empresario y trabajador del rubro describió un escenario marcado por la caída del consumo, el aumento de los costos y el esfuerzo permanente para mantener abierto el negocio.
Durante una entrevista realizada este miércoles 26 de agosto en el programa Voces de la Tarde, que conduce Jorge Gómez por Radio Noticias Necochea, Villamonte explicó que la actividad comercial continúa, aunque lejos de los niveles que supo alcanzar.
Uno de los datos más significativos que aportó fue la caída en el consumo de pan y productos de panadería. Según señaló, las ventas de pan se redujeron aproximadamente un 50% respecto del año pasado, una situación que, aclaró, también observa entre otros colegas del sector.
La misma tendencia se registra en las facturas. “Antes la gente venía y te compraba dos, tres, cuatro o cinco docenas. Ahora te dicen dame tres, dame cuatro, dame media”, relató. El precio de una docena ronda actualmente los 10.000 pesos, mientras que el kilo de pan tiene un valor aproximado de 4.000 pesos.
El comportamiento de los clientes tampoco es uniforme durante todo el mes. Martín Villamonte explicó que los primeros días, cuando los trabajadores cobran sus salarios, suele observarse un movimiento mayor, con compras de facturas, tortas y otros productos. Después, el consumo se retrae y de lunes a jueves el mostrador funciona con un movimiento “medianamente normal”, aunque inferior al de otros años.
A esa menor demanda se suma el peso creciente de los costos. Martín Pastelería trabaja prácticamente con toda su infraestructura eléctrica y Villamonte estimó que el gasto mensual de electricidad comercial supera los 600.000 o 700.000 pesos.
“Dicen que no hay inflación, pero sí hay en materia prima, servicios, gas y luz”, expresó. A la electricidad se agregan ingresos brutos, tasas, seguridad e higiene, honorarios profesionales y otros gastos que deben afrontarse mensualmente.
El consumo energético resulta especialmente difícil de reducir porque buena parte de los equipos no puede simplemente apagarse. El comercio cuenta con cámaras de frío y maquinaria de uso industrial que deben permanecer funcionando en forma permanente para garantizar la conservación de los productos.
El local atiende de lunes a sábado, aproximadamente de 7.30 a 20, mientras que los domingos se interrumpe la atención al público, aunque continúa parte del trabajo de producción para preparar la mercadería del día siguiente.
La propuesta de Martín Pastelería excede el pan y las facturas. Incluye pastelería, tortas, productos de cuarto, sándwiches de miga, viandas y distintas alternativas de comida rápida. Villamonte recordó que hubo épocas de mucha mayor actividad, especialmente durante los primeros años posteriores a la apertura del negocio, cuando llegó a tener filas de cuatro, cinco o seis personas esperando afuera.
También dio cuenta del fuerte movimiento que supo tener el rubro de fiestas y catering, con varios eventos por fin de semana. Sin embargo, consideró que después de la pandemia se produjo “un antes y un después” en el comportamiento de los consumidores.
Con todo, Villamonte mantiene abierto el negocio y continúa trabajando personalmente en múltiples tareas. “Nosotros seguimos poniéndole lo mejor”, afirmó, al remarcar que detrás del mostrador también hay una familia y un trabajador que todos los días debe afrontar los mismos problemas económicos que sus clientes.
“Lo sabemos todos los días cuando abrimos la billetera”, expresó.
Después de 13 años en el centro de Necochea, el comerciante observa una clientela que se mantiene fiel -incluso con varias generaciones de una misma familia-, pero que hoy compra menos. Y esa reducción del consumo, más allá de los números de una caja diaria, aparece como una de las señales más concretas de las dificultades que atraviesa el comercio local.



