Bartolomé Zubillaga, presidente de la Cámara de Actividades Portuarias y Marítimas de Necochea-Quequén, alertó sobre el impacto que podrían tener las lluvias previstas por el fenómeno de El Niño en la cosecha y los embarques. La entidad reclamó obras y mantenimiento de los canales de desagüe para mitigar las consecuencias, mientras advirtió sobre otros desafíos que enfrenta el puerto. “El puerto es el nodo que hace que Necochea sea lo que es”, afirmó el dirigente, quien convocó a toda la comunidad a involucrarse en la defensa de la actividad
La posibilidad de que Puerto Quequén pierda cerca de un millón de toneladas de movimiento exportador antes de finalizar el año encendió una señal de alarma en el sector portuario y agropecuario. De acuerdo con una estimación difundida por la Cámara de Actividades Portuarias y Marítimas de Necochea-Quequén, el impacto económico de esa caída podría alcanzar los 413.000 millones de pesos en el partido de Necochea, entre los efectos directos e indirectos sobre una extensa cadena de actividades.
El presidente de la entidad, el licenciado Bartolomé Zubillaga, explicó en una entrevista concedida el martes 13 de octubre al programa Voces de la Tarde, que conduce Jorge Gómez por Radio Noticias Necochea 97.3, que la advertencia surgió después de una reunión con integrantes de la Comisión de Emergencia Hídrica del distrito.
Allí se analizaron las perspectivas meteorológicas vinculadas al fenómeno de El Niño y las consecuencias que podrían generar las lluvias intensas sobre la producción agrícola.
“Ya no es solamente un pronóstico del Servicio Meteorológico Nacional, sino también de los servicios meteorológicos internacionales. Además, tanto la Nación como la Provincia vienen advirtiendo que hay que tomar recaudos”, expresó Zubillaga. En ese escenario, consideró que la posibilidad de precipitaciones abundantes debe ser tomada con seriedad, aunque sus consecuencias dependerán de la intensidad del fenómeno y de las medidas que puedan implementarse.
Una cadena que atraviesa toda la economía
El dirigente explicó que el exceso de agua podría complicar tanto la cosecha fina, principalmente de trigo, como la implantación de los cultivos de gruesa -maíz, girasol y soja—, cuya siembra se concentra en los próximos meses y cuya recolección se realiza, según-el cultivo, entre marzo y mayo.
La Cámara tomó como referencia un estudio de la Universidad Nacional del Centro (UNICEN) realizado en 2004 para dimensionar la importancia de la cadena agroexportadora en la economía local. Bartolomé Zubillaga recordó que, mientras entonces Puerto Quequén movilizaba entre cuatro y cinco millones de toneladas anuales, el año pasado el volumen rondó los nueve millones.
Según los datos citados por el titular de la entidad, aquella investigación estimaba que la cadena agro portuaria representaba alrededor del 80% del producto bruto de Necochea y tenía una incidencia cercana al 50% en el empleo. También contemplaba un efecto multiplicador de aproximadamente 2,5: por cada peso generado directamente, se producían otros 2,50 mediante el intercambio de bienes y servicios con el resto de la economía.
“Hay una cadena que va desde el grano que se siembra en el campo hasta que está listo para embarcarse en un buque. Incluye producción, traslado, almacenamiento y embarque”, puntualizó. A esa estructura se suman los consumos locales de transportistas, trabajadores y empresas, desde combustible y alimentos hasta reparaciones, alquileres y servicios comerciales.
Por eso, sostuvo que una disminución de la actividad no afecta únicamente a los productores o a las terminales portuarias. “Cuando llueve mucho, hay gente que cree que el problema es exclusivamente del campo, y no es así. Es también el problema del camionero, del gomero, del almacenero y de quienes viven de los trabajos que genera esa actividad”, manifestó.
Los números de la advertencia
El informe de la Cámara desglosa las consecuencias económicas estimadas de una eventual pérdida de un millón de toneladas. Entre sus principales cifras menciona:
- 35.000 viajes de camión menos, con un movimiento económico calculado en unos 28.000 millones de pesos.
- 35 buques menos en Puerto Quequén, con una reducción cercana a los 6.000 millones de pesos en ingresos del Consorcio de Gestión.
- Casi 3.700 millones de pesos menos en jornales de personal eventual.
- Alrededor de 2.000 millones de pesos menos en servicios vinculados con esos buques.
- Unos 14.000 millones de pesos menos en servicios relacionados con la carga de ese volumen de granos.
A esos componentes se agregan las pérdidas estimadas para la producción agrícola. La entidad calculó en aproximadamente 125.000 millones de pesos el impacto sobre los ingresos del productor, sin contabilizar insumos como semillas, fertilizantes, combustibles y reparaciones de maquinaria. También estimó en 235.000 millones de pesos la reducción del margen bruto destinado a salarios, consumo, inversiones e impuestos.
La suma de esos conceptos arroja, según la Cámara, una disminución potencial de 413.000 millones de pesos en la economía local. Se trata de una proyección y no de una pérdida ya concretada: su magnitud dependerá de cómo evolucione la situación climática y de cuánto pueda reducirse el perjuicio.
Canales que no llegan al mar
Bartolomé Zubillaga advirtió que, además de las precipitaciones, existe una preocupación vinculada con el drenaje del agua. Señaló la falta de mantenimiento de canales y la necesidad de completar obras que permitan conducir los excedentes hídricos hacia el mar.
Entre los puntos mencionados figuran los canales Los Ángeles 1 y 2, el arroyo Zabala y el arroyo Mendoza. Sobre el primero, aseguró que faltarían aproximadamente 2.000 metros para completar su llegada al mar, una distancia que consideró relativamente acotada frente a las consecuencias que podría ayudar a mitigar.
“No estamos pidiendo que se hagan todas las obras hídricas necesarias de una vez, sino que se atiendan aquellas que hoy permitirían reducir el problema. Una cosa es perder un millón de toneladas y otra, perder 500.000”, explicó.
La Cámara informó que remitió notas a organismos provinciales y nacionales vinculados con Vialidad, Infraestructura, la Autoridad del Agua y las áreas de Hidráulica, además de los ministerios de Economía. Al momento de la entrevista, todavía no había recibido respuestas, dado que las presentaciones se habían enviado durante el fin de semana y el lunes.
El desafío de pensar el puerto a largo plazo
El titular de la entidad también alertó sobre otro cambio que podría afectar a Puerto Quequén en los próximos años: las mejoras previstas en la Hidrovía del Paraná. Según explicó, alrededor del 70% de las exportaciones argentinas de granos sale por ese sistema, cuyos buques históricamente completan carga en puertos como Quequén y Bahía Blanca debido a las limitaciones de calado en determinados tramos.
Bartolomé Zubillaga señaló que, si las obras previstas permiten que los buques salgan más cargados desde el sistema fluvial, podría disminuir la necesidad de completar sus bodegas en el sur bonaerense. Recordó que aproximadamente el 60% de los buques que operan en Puerto Quequén realizan actualmente operaciones de completamiento y advirtió que una reducción de esa actividad tendría consecuencias para las empresas y para el conjunto de la ciudad.
Como respuesta de mediano y largo plazo, mencionó la necesidad de avanzar en proyectos de infraestructura, entre ellos la recuperación del ferrocarril de cargas, que permitiría ampliar el área de influencia del puerto y captar producción de otras regiones.
“No hay una solución mágica. Tiene que haber un proceso que empieza y termina quizás muchos años después. Pero, si no lo empezamos nunca, vamos a seguir teniendo los mismos problemas”, expresó.
Finalmente, Zubillaga convocó a comerciantes, entidades empresariales, colegios profesionales y vecinos a involucrarse en estos reclamos. A su entender, la defensa de la actividad portuaria no puede quedar limitada a quienes trabajan directamente en el sector.
“El puerto es el nodo que hace que Necochea sea lo que es, y muchas veces eso no se interpreta”, concluyó. Para el dirigente, la advertencia sobre el posible impacto de las lluvias debe servir no sólo para anticipar una dificultad productiva, sino también para comprender cuánto depende la economía local de la articulación entre el campo, el puerto y el resto de la comunidad.



