El padre Alejandro Martínez, de la Parroquia de la Medalla Milagrosa, reflexionó sobre la situación de calle y la reciente aprobada ordenanza que regula a cuidacoches y limpiavidrios. Planteó que detrás de esas realidades hay historias de vida, heridas y necesidades que requieren contención y no solamente sanciones
La discusión sobre los cuidacoches, los denominados “trapitos” y las personas que sobreviven en la vía pública tiene una dimensión que excede cualquier ordenanza municipal. Así lo planteó el padre Alejandro Martínez, párroco de la parroquia de la Medalla Milagrosa de Necochea, al reflexionar sobre la situación social y la reciente norma aprobada por mayoría en el Concejo Deliberante que establece sanciones para determinadas actividades en la vía pública.
En diálogo con Voces de la Tarde, programa que conduce Jorge Gómez por Radio Noticias Necochea, el sacerdote sostuvo que muchas veces se pretende actuar sobre las consecuencias sin abordar las causas que llevan a una persona a vivir en la calle o buscar allí una forma de subsistencia.
“Intentamos ver las consecuencias y no las causas”, señaló. Y advirtió sobre el riesgo de “rotular” a quienes atraviesan estas situaciones a partir de determinadas conductas, sin conocer qué historia existe detrás.
Alejandro Martínez reconoció que pueden existir casos de personas que cometen delitos o generan situaciones de violencia, pero pidió no colocar a todos dentro de la misma categoría. “La mayoría de estas personas están buscando cómo sobrevivir a una situación que no es ajena ni a los que hacen la ley ni a los ciudadanos”, expresó.
La ordenanza contempla multas para quienes realicen determinadas actividades sin autorización municipal, entre ellas ofrecer servicios vinculados con el estacionamiento, limpiar parabrisas o ventanillas en semáforos o interferir en la circulación vehicular. Frente a ello, el sacerdote planteó un interrogante: qué posibilidades concretas tendrá una persona sin recursos para afrontar una sanción económica.
“Es poner una norma donde, si se lo multa, no van a cumplirlo, van a estar siempre en infracción”, sostuvo. Y agregó que algunos jóvenes que hoy sobreviven cuidando vehículos en las inmediaciones de boliches u otros lugares pueden desarrollar esa actividad como una manera de sostenerse.
El padre Martínez no negó la necesidad de actuar ante situaciones como daños, amenazas o agresiones. Pero diferenció esas conductas de aquellas personas que simplemente buscan una forma de obtener ingresos. “Querer poner a todos en la misma bolsa me parece que no es mirar el bien común de un municipio o de una sociedad”, afirmó.
Desde su mirada religiosa y comunitaria, insistió en que el concepto de bien común no puede limitarse a quienes cumplen con determinados parámetros sociales. “No podemos hacer una norma para ocultar, sin saber después qué hacemos con ellos. Siguen siendo personas y siguen viviendo”, remarcó.
La experiencia cotidiana de la parroquia también aparece como una referencia concreta. El padre Martínez contó que aumentó la cantidad de personas que concurren a comer, pero destacó que también creció la solidaridad de vecinos que colaboran para sostener esa asistencia. “Aumentan los comensales, pero también aumenta la generosidad de la gente que se dio cuenta que con un poquito puede hacer mucho”, explicó.
Para el sacerdote, allí existe una respuesta comunitaria que no siempre ocupa el centro de la discusión pública: instituciones religiosas, organizaciones y vecinos que acompañan a quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad.
Su reflexión terminó trasladándose a una pregunta más amplia sobre el modelo de sociedad que se pretende construir. Frente a la tentación de excluir aquello que incomoda, Martínez propuso recuperar la idea de comunidad y responsabilidad compartida.
“No somos enemigos”, sostuvo. Detrás de las situaciones de calle, afirmó, hay “personas con historias, con heridas” que pueden ser acompañadas y encauzadas si existen redes de contención.
Y dejó una última definición, en tiempos de crisis social y pobreza: “No piden nada, piden solamente una oportunidad. Denles una oportunidad”.



